Una mujer sin sombrero. La historia de Concha Méndez

Además de ser una gran historia de talento femenino, feminismo y superación personal, la historia de Concha Méndez rescata la poesía y las vivencias de la generación del 27; la historia de una España llena de opiniones que anhelaba grandes cambios políticos y sociales -bueno, una historia que aún hoy mantiene el mismo sabor de boca en muchas generaciones-.

“Memorias habladas, memorias armadas”

He tenido el grato placer de encontrarme las memorias de la poeta Concha Méndez, a través de una historia contada por su nieta Paloma. Este canto al talento femenino -cuando el feminismo no era tendencia- y la interesante vida de esta gran musa, que además de ser una mujer libérrima y valiente fue esposa de Manuel Altolaguirre, y novia de Buñuel. Me ha inspirado a contaros otra historia de talento femenino de carácter nacional.

“Yo quisiera ¡y no puedo! Ser como son los otros, los que pueblan el mundo y se llaman humanos: siempre el beso en el labio, ocultando los hechos y al final… El lavarse tan tranquilos las manos”.

Fue durante un verano en San Sebastián cuando Concha Méndez conoció a su amiga y aliada, la pintora surrealista Maruja Mallo, al poeta y crítico español Luis Cermuda, al reconocido escritor Rafael Alberti, y al que se convertiría en gran amigo, el poeta y dramaturgo Federico García Lorca, con quien descubrió la motivación e inspiración necesaria para entrar al mundo de la poesía.

La poesía fue la Rosa de los vientos de su vida, y su Norte lo fijó la generación del 27, que representó un cambio fundamental en su estilo de vida. Arriesgándose a ser presa de los prejuicios sociales de la época, Concha Méndez y Maruja Mallo, con apoyo de García Lorca entre otros, promovieron el movimiento “sin sombrero”, con el que un grupo de pensadoras y artistas españolas buscaban reivindicar los derechos de la mujer española.

Esta fue la espita que inició la revolución encabezada por Concha Méndez y otras grandes mujeres influyentes de la época. Las huestes feministas que parecían estar en la sombra poco a poco se despertaron y reivindicaron la necesidad de cambio de todo un colectivo. Permitiendo que también en Madrid se instalará el Lyceum Club, del que ella formaría parte.

Los viajes que inspiraron a Concha Méndez

Una mujer de espíritu libre y llena de pasión e inquietudes, esa era Concha Méndez. Su necesidad de conocer mundo la llevó a viajar en muchas ocasiones -cosa poco habitual para mujeres de su época-. En su “primer exilio”, como relata en sus memorias, viajó a Londres, Montevideo y Buenos Aires, donde consiguió la inspiración para desarrollar sus primeras obras: inquietudes en 1926 y canciones de mar en 1930.

Pero su “segundo exilio” llegó sin desearlo. En 1935 Concha ya estaba establecida nuevamente en Madrid, había vivido su gran historia de amor con el editor Altolaguirre -con quien se casaría y tendría familia-, y había desarrollado grandes proyectos de poesía, cine y teatro infantil -entre los que cuales destaca La Veronica-. Todo ello desde su pequeño centro de operaciones: una imprenta ubicada en una pequeña habitación de hotel de Aragón donde difundió las obras del grupo 27 a través del proyecto Héroe (que combinaba revista y poesía), la obra 1616 y Caballo verde, entre otras.

Sin embargo, la estabilidad no duró mucho. Tras la guerra civil española, Concha Méndez tuvo que viajar con su hija. Recorrieron Bélgica, Inglaterra, Francia y Cuba hasta llegar a México, donde viviría hasta 1986 -el final de sus días-, separándose definitivamente de su marido.

“Tan sola no me has dejado, que estoy conmigo y me basta, igual que siempre lo he estado”

Concha Méndez tuvo una vida llena de conexiones y amistades que le permitieron realizar no solo grandes viajes, sino desarrollar diferentes proyectos. Pero su existencia no siempre fue fabulosa.

Tras la publicación de sus memorias en 1991 salió a la luz la violencia domestica sufrida durante toda su adolescencia, un intento de suicidio y la pérdida de su primer hijo. Esta revelación de sus secretos escondidos arrojó a la luz la connotación melancólica que acompañaba todos sus escritos.

Aunque estuvo varias veces la borde del abismo, Concha Méndez fue capaz de transformar su dolor en poesía, en energía del cambio. Es por ello por lo que en el marco de una primavera repleta de celebraciones literarias hago honor a esta increíble escritora, poeta y mujer. Hago honor al talento femenino de nuestro país.

Al igual que otras grandes historias de talento femenino que ya hemos compartido, no solo representa a una generación o contexto histórico, sino también la capacidad de superación humana.

Tomaos un minuto y reflexionad sobre esta historia, pensad en la humanidad y todos los problemas que a nuestro alrededor se esconden: ¿Las circunstancias que hoy invaden de pena vuestra alma pueden transformarse en energía de cambio?

 

 

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