Memoria selectiva basada en algoritmos

memoria selectiva basada en algoritmos

La crisis de reputación de Facebook me ha dado mucho que pensar respecto a la capacidad de las redes sociales de incidir en nuestro comportamiento. Así que motivado por ello hoy os quiero hablar de la memoria selectiva basada en algoritmos.

Si leéis mis publicaciones con regularidad sabréis que soy un apasionado de la tecnología, su impacto y sus aplicaciones en el mundo de la empresa. El tema en cuestión, lejos de generar miedo pretende abrir un abanico de curiosidades y debates que estoy ansioso por compartir.

Memoria selectiva basada en algoritmos:

La memoria selectiva es un proceso cognitivo que tiene como principal función estructurar nuestro pensamiento, incidiendo en la formación de nuestra identidad, creencias y personalidad. La ciencia encargada de estudiar este proceso se llama neuropsicología, y sus fundamentos son utilizados en la creación de algoritmos con capacidad de aprendizaje automático –como los que utiliza Facebook-.

Probablemente, muchos de vosotros habéis creído alguna vez que ese anuncio que respondía a vuestras necesidades os había encontrado por “casualidad” mientras navegabais en alguna red social. Lamento deciros que en la economía digital nada es casualidad, todo es resultado de procesos aprendizaje infinito sobre las conductas humanas.

Visto desde una perspectiva positiva gracias a ello hoy estáis leyendo esta publicación. De otra manera, la interfaz nunca habría detectado que teníamos intereses en común.   

¿Alguna vez os preguntasteis por qué habéis perdido la pista a algunos de vuestros amigos en Facebook?

Hace algún tiempo la red social antes referida comenzó a recibir diversas quejas debido a las prioridades consideradas por la plataforma para el timeline de los usuarios. La empresa, para contrarrestar el efecto negativo transparentó el funcionamiento y la evolución que había tenido su algoritmo, defendiendo la utilización de sus más de 100.000 parámetros de aprendizaje automático para la optimización de la experiencia de sus usuarios –es decir, confesó que el algoritmo aprendía de las reacciones que tenían los usuarios ante las publicaciones para segmentar los anuncios y premiar las publicaciones de los amigos con quién más interactuaban-.

Después de saber que cada like o reacción ante una publicación puntuaría las visualizaciones futuras, o que nuestros gustos nos clasificarían en diferentes grupos publicitarios, muchos de los usuarios comenzaron a plantearse las reacciones en la plataforma. Lo que, sumado a la saturación de información producto de las marcas y medios de comunicación, condujo a un movimiento masivo en todas las redes sociales, repercutiendo en la capacidad de viralización de los contenidos.

Esta situación abrió diversos debates. Uno de los más interesantes es: cuál debía ser la conducta de los usuarios para invertir adecuadamente su tiempo en el uso de la herramienta. Después de todo, el atractivo de estas plataformas era poder estar conectado con seres queridos o amigos indiferentemente del lugar o el momento.

La tecnología en el cambio social:

¿Cuántas veces os habéis emocionado con un recuerdo de Facebook? ¿Cuántas veces os habéis enterado de un evento porque un amigo vuestro indico su interés a la plataforma? O ¿cuántas veces os habéis conmocionado con vídeos político-sociales de páginas como Uniland o Play Graund?

Ante este panorama es inevitable asomar la interrogante ¿sois conscientes del poder de la tecnología en el cambio social? investigando sobre la polémica de la tercera web más visitada del mundo -Facebook- he confirmado lo que bien afirma el presidente de telefónica José María Álvarez-Pallete “los datos son el petróleo del S.XXI”.

El escándalo de Cambridge Analytica y Facebook ha reforzado el debate sobre la protección de datos y el ya cuestionado uso de la información del algoritmo para fines publicitarios. Temas que en un principio no éramos capaces de entender, su efecto colateral nos hacen replantear el uso de la tecnología (big data, machine learning, etc) en la sociedad.

Sin embargo, si una red social ha sido capaz de influir en elecciones presidenciales o en el Brexit el problema no es solo de la falta de ética empresarial o política. El problema es también de las personas que no reivindican su sentido común a través de la investigación y evaluación parcial de sus criterios, de aquellos que han permitido que la memoria selectiva basada en algoritmos defina sus juicios y criterios.

¡Confianza y transparencia!

Son los pilares fundamentales que toda empresa procura tener -o eso esperamos- lo cierto es que la caída del 7% en las acciones de Facebook, nos hace pensar en si el deber ser de las bases de la sociedad empresarial está alineado con la realidad.

Esto abre paso a otra interrogante ¿Debe la economía digital pagar el precio de la falta de ética empresarial? No lo creo. Sin ir muy lejos, los anuncios de Facebook han permitido a millones de pequeñas empresas en cualquier parte del mundo incorporarse al mercado digital, millones de personas han retomado el contacto con conocidos del pasado, incluso los grupos de colectivos específicos como los de inmigrantes han servido de gran soporte para su integración social.

El problema realmente radica en los valores de nuestra sociedad y en nosotros mismos. Tomaos un minuto y pensad en vuestra personalidad, creencias e incluso rutinas. ¿Estáis enajenados por el contenido consumido a diario en redes sociales? ¿Son vuestros pensamientos producto de una memoria selectiva basada en algoritmos?

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *