Ada Lovelace y el telar de los números

ADA LOVELACE Y EL TELAR DE LOS NÚMEROS
Foto tomada de allyounews.com

¿Sabíais qué el primer algoritmo teórico de software del mundo fue creado por una mujer? Ada Lovelace y el telar de los números son protagonistas de esta historia de talento femenino y transformación social. Una mujer incansable que tuvo que enfrentarse a los prejuicios de la época para satisfacer su sed de conocimiento y con ello transformar al mundo.

Una historia de época

Ada Lovelace nació en Londres en 1813, fue hija de Anne Isabella Noel Byron matemática y activista política-social, y del gran Lord Byron poeta muy influyente.

Su carácter y distinguida personalidad se vieron marcadas profundamente tanto por su educación que comenzó a los cuatro años -antes de lo habitual- como por una inesperada parálisis que le mantuvo postrada en cama durante varios años en su adolescencia.

Siguió el plan de vida que se esperaba para una chica de la época: conoció el amor, estableció una familia y procuró fomentar sus relaciones familiares y sociales. Pero como bien nos lo ha enseñado Jane Austen esto nunca ha sido suficiente para una mujer con ambiciones diferentes.

Para Ada Lovelace, crecer con gran cantidad de privilegios por su condición social tuvo grandes ventajas, llevándole a rodearse de personalidades de la ciencia muy influyentes. Esto despertó en ella desde temprana edad una gran sed de conocimiento, que por desgracia era impropio para una mujer del siglo XIX.

A pesar de que su vida social estuvo siempre rodeada de escándalos por las infidelidades de su padre, y en la adultez por las suyas propias; su madre procuró protegerla y elevar su vida intelectual para que los escándalos no opacaran su imagen. Aunque en más de una ocasión los instructores se negaran a formarla.

Prejuicios sociales, Ada Lovelace y el telar de lo números

Durante gran parte de su vida Ada se dedicó a viajar con su madre, teniendo la oportunidad de conocer fábricas y descubrir avances en la tecnología de la época, cosa que le fascinaba. Pero fue al presenciar la construcción del telar de Jacquard cuando vislumbró en su mente un modelo similar aplicado a números; llevándole a crear diferente teorías y notas sobre su funcionamiento, y permitiéndole descubrir un nuevo modelo de pensamiento matemático junto a su gran amigo Babbage. 

Aproximadamente en 1842, mientras trabajaba en la traducción de un artículo para el ingeniero italiano Luigi Menabrea, quien contemplaba los primeros fundamentos sobre “la máquina analítica” de Babbage, Ada Lovelace pudo desarrollar sus propias conclusiones sobre el material; agregando un conjunto de notas propias que años más tarde le permitirían fundamentar su contribución sobre la creación de la maquina calculadora mecánica” o maquina analítica – el primer dispositivo de computación mecánica – y el primer lenguaje de programación.

Ansiosa por compartir con el mundo sus teorías y dada la situación social de las mujeres, publicó un artículo de referencia bajo sus iniciales. Pero pronto la comunidad científica se enteró de la verdadera autoría y, como consecuencia, desprestigió sus contribuciones a la ciencia. Sin embargo, esto nunca la detuvo en su afán de conocimiento.

Un siglo después de su muerte la misma comunidad científica por fin reivindicó el trabajo de Ada Lovelace y el telar de los números, reconociéndola como la creadora del primer algoritmo destinado a ser procesado por una máquina, es decir el fundamento del primer software.

Su gran fascinación por las maquinarías le llevó a pensar en la posibilidad de generar arte, música y conocimiento a través de ellas, comentando en más de una oportunidad la implicación que tendrían sobre el control humano; lo que si analizamos en la perspectiva actual se consideraría una de las primeras aproximaciones a la inteligencia artificial.

El recurrente techo de cristal

No es un secreto el techo de cristal que han vivido las mujeres a lo largo de los años, y los muchos reconocimientos que aún deben ser otorgados a su contribución en la historia y la transformación de la sociedad. Ya lo hemos comentado en más de una ocasión.

Lo realmente curioso es que -en el sector de la ciencia que hoy en día sigue siendo dominado por hombres- una de las contribuciones más importantes de la tecnología proviene del talento femenino, de una mujer que procuró mantener paralelamente a su vida intelectual su matrimonio y maternidad.

Independientemente de la generación en la que se viva, o se haya vivido, elevar la vida intelectual por encima de la vida personal no debe ser un impedimento ni una cruz para nadie.

El nombre de Ada Lovelace ha sido utilizado para nombrar diversas escuelas, otorgar diversas distinciones, crear un lenguaje de programación e incluso homenajear su natalicio con una efeméride. Hoy la ciencia reconoce su talento y aportes, y los prejuicios sociales que intentaron desprestigiarla quedaron simplemente en el olvido.

Al final, el sentido de la vida es vivirla y eso significa llenarla de aquellas cosas que nos hagan felices, que nos llenen el alma y satisfagan nuestras ambiciones, sin importar que sean estas las socialmente correctas; claro siempre dentro de una lógica y ética.

Así que os invito a vivir vuestra vida, a romper paradigmas y a vencer la insatisfacción que os limita. Si Ada Lovelace tuvo la valentía para hacerlo en el siglo XIX ¿qué os lo impide en pleno siglo XXI?

 

 

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