Irena Sendler: la última heroína de su generación

Irena Sendler

Llevo tiempo esperando el momento ideal para contaros la historia de Irena Sendler, mejor conocida como “El Ángel del Gueto de Varsovia” o la dama de la “Orden del Águila Blanca”.

Probablemente ya habéis leído esta historia, o habréis visto alguna de sus adaptaciones al cine. Pero, ¿habéis reflexionado realmente sobre ella?, no hablo sólo de ser conscientes de todas las vidas que salvo, o de cómo arriesgo su vida por la causa, sino de los valores que realmente le movían.

¿Por qué esperaba el momento ideal?, porque esta historia no sólo habla del valor y coraje de una gran mujer, sino que relata una gran lección de solidaridad, una historia con la que espero invitaros a reflexionar sobre vuestro papel en la humanidad.

“Una luz que alumbraba el mundo”

El padre de Irena Sendler fue un noble médico polaco, que falleció a causa de contraer tifus por atender a todos los pacientes rechazados por sus colegas. Él, inculcó a Irena desde su infancia una gran cantidad de valores y entre otras cosas le enseñó a tener simpatía por la comunidad judía; quienes tras la muerte de su padre pagaron sus estudios, reforzando con esta acción el lazo que ella tenía con la comunidad.

Irena Sendler trabajó como administradora en el departamento de bienestar social y como colaboradora en comedores comunitarios de la ciudad. Al caer la invasión alemana en 1939 se unió como enfermera del Gueto de Varsovia, trabajo que le permitía colaborar en secreto con el consejo para la ayuda de judíos “Zegota”.

De carácter impetuoso y espíritu creativo, durante el largo año y medio en el que trabajó en el gueto y hasta su evacuación, fue capaz de rescatar a más de 2.500 niños a través de diferentes estrategias lideradas por ella.

En sus manos cualquier elemento se transformaba en una vía de escape

La simpatía que sentía por los judíos y la importancia que representaba para ella la familia, le llevo a registrar los nombres de cada niño rescatado, para así permitirles recuperar algo de su identidad y su historia personal cuando el ambiente fuese seguro.

En 1943 Irena Sendler fue detenida por la Gestapo y llevada a la prisión de Pawaiak donde fue brutalmente torturada para que traicionará a sus colaboradores y revelará el registro de los niños judíos rescatados.

Sentenciada a muerte, el día de su ejecución un soldado alemán la llevo a un “interrogatorio” y a mitad de camino la liberó gritando en polaco “¡Corre!”. Al día siguiente halló su propio nombre en la lista de los ejecutados, lo que le permitió cambiar su identidad y continuar con su labor.

Una vez finalizada la guerra, los registros enterrados en el jardín de su vecina llegaron a manos del comité de salvamento de los judíos supervivientes; lo que permitió que muchos de estos niños bautizados en aquel entonces bajo el catolicismo se conectarán con sus raíces y conocieran la labor que ella había liderado.

Irena Sendler: un espíritu noble en un régimen nazi

Irene Sendler falleció en 2008 a la edad de 98 años, para entonces su historia ya había sido conocida por muchos y reconocida por varias organizaciones de derechos humanos (aunque el Nobel de la Paz al que había sido nominada se lo otorgaran a Alan Gore).

En sus declaraciones contaba que la solidaridad que la comunidad judía había tenido con ella tras la muerte de su padre y la nobleza de él, fueron elementos determinantes al forjar su carácter y decidir rescatar a todos esos niños.

Fui educada en la creencia de que una persona necesitada debe ser ayudada de corazón, sin mirar su religión o nacionalidad, mi padre me dijo antes de morir: si ves a alguien que se está ahogando debes tratar de salvarlos aun cuando no sepas nadar.

Solidaridad, valor, fuerza y convicción

Estoy seguro que muchos de vosotros alguna vez habéis sentido perder el norte, que a menudo olvidáis el sentido de vuestra existencia o la razón de lucha diaria; pero internalizar historias como esta o la de Virginia Hall, siempre pueden ayudar a despejar la mente y recobrar aquellos valores que deben guiar nuestro camino.

No se trata de que nuestro propósito sea convertimos en héroes, se trata de entregar a la humanidad la mejor parte de nuestro ser.

La historia de Irena es un ejemplo de cómo la solidaridad se transforma en una vía de doble sentido, y es eso lo que debemos recordar con cada una de nuestras acciones. En ocasiones es inevitable hacer algo de forma interesada, pero lo realmente importante es el valor que aportareis en cada cosa que representéis.

Faltando poco más de un mes para terminar el año os invito a deteneros un instante y pensad, ¿tenéis un propósito en la vida?, ¿estáis trabajando para conseguirlo?, ¿sois conscientes de los valores que guían vuestro camino?

 

 

 

 

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