Testimonio anónimo de una mujer con TDAH

En la semana europea de concienciación sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad – TDAH – quiero compartir con vosotros una historia que ha llegado a mis manos. Un testimonio que sin duda ayudará a entender lo que puede llegar a pasar una persona en esta condición.


Mujer soltera (42 años) con TDAH

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, una inmadurez neurológica (al igual que asperger y autismo, entre otros). Una condición con la que se vive en grado leve, moderado o severo. En mi caso es severo.

Una niña en la luna

Desde niña me caractericé por estar desconectada o en “la luna”: me costaba mucho trabajo poner atención. Las mujeres TDAH aprendemos mejor con manualidades, tenemos memoria visual, somos soñadoras.

Jugando una vez me tropecé y me abrí la barbilla y en otra ocasión me caí de las escaleras de mi casa, y me abrí la cabeza. Los TDAH muchas veces somos torpes en nuestros movimientos; nuestra motricidad también se ve afectada.

Una tarde, a los 6 años jugando con mi hermano y mi primo, se apareció un hombre frente a mí y me enseñó su pene. Para mí fue un susto muy grande y a partir de ahí le tuve miedo a los hombres.

A los TDAH nos cuesta trabajo el aprendizaje y la atención

Nunca fui aplicada, por ello en primaria me comparaban constantemente. Tal situación generaba en mí tristeza e impotencia. Comparar a los hijos baja su autoestima.

En el colegio era de las últimas en recoger, esto me producía enojo y dolor, ya que no sentía que fuera importante. Mi madre también TDAH/TCL no tenía noción del tiempo.

Me costaba mucho trabajo aprenderme las cosas; recuerdo un diez de mayo tenía que aprenderme una poesía y no podía. Sufría mucho para aprender y estudiar.

Los TDAH tenemos dificultades en el manejo de las emociones

Sentía que no encajaba con los grupos de amigas, era aislada, callada, reservada, tímida. Los TDAH muchas veces son excluidos.

A los 8 años murió mi abuela materna, con quien casi convivía a diario y quien me cuidaba mientras mi mamá trabajaba. Mis emociones eran alteradas, y en vez de llorar con la noticia, solté carcajadas. No podía creer que estaba muerta, fue un dolor muy grande para mí.

Cuando describo mi infancia, pienso en ella como una huérfana emocional.

El TDAH te hace sentir que siempre tienes energía

En la adolescencia pasé de ser una chica introvertida, a una chica que llamaba la atención, extrovertida, chistosa, amiguera, parlanchina, alegre, siempre con energía.

Al decidir qué carrera estudiar tenía miedo. Pasé la universidad en la luna. Primero estudié 6 meses diseño gráfico y luego como no pasé cálculo me cambié a algo que no tuviera números: ciencias de la comunicación.

Crecí siendo mamá de mi mamá y de mis hermanos, el árbitro emocional de mi casa, una hija parental, con responsabilidades que no me tocaban pero que asumí pues si no las hacía yo, no veía que alguien más las hiciera.

Los TDAH solemos ser propensos a caer inmersos en nuestra zona de confort

Al igual que para mi papá, el trabajo lo era todo para mí. Me faltaba identidad femenina. Pensaba que ser exitosa en el trabajo me haría una persona plena y feliz. Esto me hizo caer en una profunda depresión; ya no quería ser más workaholic.

La fe para mí era aprendida, no era por convicción y aún así iba a misa los domingos. Era una persona que se dedicaba a rescatar a los demás. Era líder y siempre con energía, esto me hacía ser una excelente candidata para estar a tope con actividades de misiones.

Viví mucha violencia psicológica; no entendían porque cambié tanto de la noche a la mañana, tener amigos era un nuevo mundo fascinante. Esto hizo que me juntara con chicas dos o tres años menores, porque las de mi edad estaban muy adelantadas para mí.

No pensaba en novios, ni en relaciones de pareja, tenía miedo a los hombres. Ponía una barrera enorme para no dejarme tocar físicamente. Ahora entiendo que mi inmadurez afectiva me hacía juntarme con personas afines a mí.

A los 18 años fue mi primera crisis. Sentía que quería morir, no me sentía querida ni entendida.

La intuición como guía

Al salir al mundo laboral, estuve en aproximadamente 6 trabajos. No duraba mucho tiempo en ninguno. Mis padres me juzgaban por ser tan inestable. Sin embargo, yo sentía que trabajaba con responsabilidad, estaba contenta hasta que decidía salirme.

La eterna amiga de los hombres, sin novio; rechazaba sentirme bonita y mis emociones, estaba acostumbrada a negarme a mí misma.

Más o menos a los 28 años empecé a ver que algo en mí no funcionaba bien. Antes de esa edad -seguía viviendo en la luna- dejaba los trabajos rápido, no tenía novio, o duraban tres días, no llegaba a hacer un vínculo emocional.

Empecé a tomar cursos de inteligencia emocional, iba con terapeutas o psicólogos que no le veían salida y me daban de alta. Según ellos yo estaba bien, pero no me sentía bien. Algo en mí no funcionaba.

Mi percepción y mi atención estaban siempre en la superficie, por encima, sin poder profundizar en mí, ni mucho menos en los demás. Ahora que aprendo de TDAH entiendo lo que pasaba con mi baja capacidad de atención.

Fe, trabajo y TDAH

A la edad de 33 años me sentía tan vacía, triste y deprimida, que no sabía lo que era el amor. Dios me mostró su amor y mi Fe impuesta cambió a una Fe por convicción. Mi Fe ha sido fundamental en mi vida y yo rogaba que me iluminara con los doctores para que me pudieran ayudar. Había pasado por muchos charlatanes de salud mental y nunca nadie me nombró el TDAH.

Trabajé en una agencia de organización de eventos corporativos donde explotaba toda mi creatividad y ahí pensé que era adicta a la adrenalina. Mis amigos me llamaban workaholic. Eso me hizo pensar, y dejé el trabajo porque no quería ese ritmo agitado de vida.

Me dejé guiar por mi intuición, y empecé a ver para qué era buena. Así inicié una agencia de relocation para extranjeros, con mis conocimientos de inglés y orientación inmobiliaria.

Muchas veces los TDAH trabajan por su cuenta porque les cuesta seguir órdenes de los superiores, por ser más nocturna que diurna, por tener un motor interno que siempre está creando nuevos proyectos.

El síndrome de Wendy

A los TDAH se nos asocia con el “Síndrome o Complejo de Peter Pan” (Lo describe por primera vez el psicólogo Dan Kiley, en la obra The Peter Pan Syndrome de 1983), para hacer referencia a los adultos que continúan comportándose como niños y adolescentes, mostrando una marcada inmadurez emocional, infantilismo, incapacidad para asumir la responsabilidad de sus actos y un gran temor a no ser queridos y aceptados.

En 2015 invertí en cursos con afamados coach a nivel mundial. Quería saber por qué hacía lo que hacía, el porqué de ese espíritu investigador, quería llegar a la verdad de mí.

El TDAH me dio las respuestas del porqué siempre empezaba todo y nada terminaba

Cuando asistí al psiquiatra por primera vez con mi autodiagnóstico de TOC, no esperaba dar positivo en el examen de TDAH. Así comenzaron a medicarme con atomoxetina, y me aplicaron por primera vez la estimulación magnética transcraneal (EMT) aplicada a depresión.

Esto hizo que mejorara mi estado de ánimo y mi atención, permitiéndome enfocar en mis metas, convirtiéndome en menos impulsividad, trabajando mejor que nunca. Conseguía terminar proyectos pero seguía dependiente emocionalmente. Era como una droga y quería superarla.

Había leído que la EMT servía para adicciones – la codependencia puede ser una adicción – y a mediados de 2016 empecé por primera vez con un psiquiatra de terapia cognitivo conductual.

A inicios de 2017 le pedí a mi doctor nuevamente la EMT, esta vez aplicada a TDAH. En cuanto empecé las primeras sesiones parecía que por primera vez me estaban pegando mi mente a mi cuerpo. Siempre tan separado uno del otro, logré una auto escucha y auto conocimiento como nunca antes. Por fin era auto reflexiva.

De dispersa y olvidadiza toda una vida, mi mente de repente se centraba en lo importante

Quería saber todo lo referente al TDAH, a las funciones ejecutivas, compartir con gente que vive los mismos síntomas y conductas que yo. Esto ha sido un alivio que me ha fortalecido en mi identidad.

Sentía que me destapaban los ductos para tener mayores soluciones, mejor planeación, priorizar, ordenar.

Ahora pongo más atención a las personas o cosas que están sucediendo en ese momento, es como estar viviendo con mis 5 sentidos en el presente.

Mi mente ya no anda de paseo, está conmigo, no está volando como toda mi vida. Ya no me llegan nuevas formas de pensar, tengo otra percepción de mí misma y de mi realidad.

Es como si por fin empezara a madurar todo lo que no madure en 42 años

En solo unas semanas empezaba a sentirme como la adulta que soy. Estoy más consciente de quién soy, qué hago a dónde voy; soy más consciente de mis actos.

Estoy en etapa de conocerme, de aceptarme y de amarme. Estoy tratándome con más compasión, dejando que solo de mí dependa mi felicidad, no del afuera, dejando de ser codependiente, dejando de ser infantil.

Vivir mejor, vivir al cien

Mi mayor anhelo actualmente es ser madre y esposa, formar una familia, algo que me ha costado mucho trabajo hasta antes de la EMT. Ahora tengo una conciencia auto reflexiva, esa que nunca antes había tenido. Tengo mayor conocimiento de mí misma, antes no escuchaba ni mi propia voz. Ahora todo mi pasado encaja perfecto, gracias a conocer el TDAH.

Me encanta promover lo que me hace tan bien, porque puedo cambiar la vida de muchas personas como cambió la mía. Este año he creado una página en Facebook “Noticias de estimulación magnética transcraneal” para dar a conocer sus beneficios.

Ahora oriento a padres de familia que tienen hijos con TDAH. Desde que hablo con mis amigas o personas cercana del tema descubro que tienen hijos o familiares con el mismo padecimiento, y los motivo a saber más del TDAH y así mejorar la calidad de vida de los afectados. Esto ha dado mayor sentido a mi vida.

A mis 42 años, estoy comenzando a vivir, y soy feliz.

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