El arte de formular preguntas

Os habéis preguntado alguna vez ¿qué naturaleza guía el arte de formular preguntas?, ¿cuál es la motivación de los seres humanos para cuestionarlo todo?, realmente ¿somos conscientes del poder que tiene una respuesta?

Estos días he reflexionado sobre la naturaleza humana y retomando varios argumentos de mi libro “El aprendizaje de las cicatrices” me he dado cuenta que la educación está enfocada en el énfasis de memorizar respuestas, apartándonos de uno de los elementos esenciales de la vida: saber formular preguntas. No somos conscientes de que, a veces, la pegunta correcta puede ser la clave para la solución de un problema.

El estado del por qué

De pequeños, la curiosidad nos incita a plantear constantes preguntas, invitándonos además a entender el funcionamiento de todo a nuestro alrededor, desafiando nuestro racionamiento, llevándonos a una constante interrogante en nuestro precario lenguaje: ¿Por qué?

De forma inconsciente, sentimos la pasión con la que alguien manifiesta un conocimiento, haciéndonos desear adquirirlo. Nuestra naturaleza humana engrana la curiosidad como fuerza motora de nuestro organismo con la necesidad de encontrar sentido a todo lo que nos rodea.

Pero, cuando alcanzamos la vida adulta nos damos cuenta que nuestra trayectoria se encuentra fundamentada en la capacidad de saber responder correctamente, obviando el primer estado de absoluta conciencia adquirido en nuestra niñez. Ese estado donde la curiosidad ha sido coincidente con la insatisfacción, convirtiéndose en una energía que mueve la necesidad de conocimiento. La necesidad de respuestas. El estado del por qué.

La duda: el terreno natural de la inteligencia

Siempre he pensado que los sabios no son aquellas personas que encuentran soluciones a las preguntas que todos nos hacemos, sino aquellos que basándose en el aprendizaje de su experiencia son capaces de reformular preguntas de manera eficaz.

Es cierto que son las situaciones de crisis, insatisfacción, o cuestionamiento las que suelen generar progreso en los humanos. La duda, por ejemplo, nace de estas experiencias, moviéndonos ante la curiosidad de obtener respuestas, marcando la diferencia entre quienes tienen sed de conocimiento y quienes solo cuentan con el talento para poseerlo.

Por ello pienso, que quien ha sabido hacer buen uso de su experiencia, ha aprendido a formular las preguntas más esenciales, entendiendo el verdadero arte de formular preguntas.

No hay ni una sola actividad de la esfera humana que no se desarrolle hasta un nivel de excelencia sino existe la curiosidad

La curiosidad puede moverse entre dos tipos de lógicas de la naturaleza humana: la primera, la de la “realidad” entendida como la necesidad de otorgar sentido al mundo, y la segunda, la lógica “intelectual” que piensa que la realidad es insuficiente en el sentido de la comprensión.

Ambas lógicas son fundamentadas en nuestra necesidad de que las cosas tengan sentido, comprendiendo nuestra curiosa necesidad de información.

¿Simplificar la comprensión del conocimiento?

Precisamente esa necesidad de curiosidad, genérica, y global resulta ser el principal fundamento de todas las creaciones humanas, como por ejemplo el internet. Sin embargo, el internet no solo revolucionó la tecnología, también descubrió que la gente no quería el conocimiento, sino el espectáculo y la ilusión de saber que la información estaba disponible y accesible en cualquier momento.

En este sentido, he entendido que algo similar pasa con la necesidad humana de la información. De la misma forma que el internet trata de reformularse en versiones más simplificadas, nosotros vamos en el mismo camino hacia simplificar la comprensión del conocimiento.

El filósofo británico Bertrand A. W. Russell afirmaba que “gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se debe a que los ignorantes están completamente seguros, y los inteligentes llenos de dudas”

La mayoría de las personas hacen preguntas según sus asociaciones psicológicas. Preguntas al azar, fundamentadas en una zona de comodidad absoluta, donde el cuestionamiento no escapa de la propia comprensión.

Formular preguntas de forma correcta

Nos permitirá tratar con lo que es necesario, relevante e indispensable en el asunto que tenemos frente a nosotros. Aprendiendo a reconocer lo que está en la esencia de la materia que desconocemos, permitiendo reforzar y disciplinar nuestro pensamiento. Haciéndonos intelectualmente capaces de encontrar las respuestas y preguntas correctas.

Es concebido como un ejercicio mental que hay que desarrollar, no es una fórmula mágica, y no existen una serie de pasos a seguir más allá de aprender a comprender en esencia nuestra propia lógica.

Personalmente cuando me encuentro en un terreno desconocido donde la curiosidad invade mi lógica, procuro tomar un tiempo para reflexionar al respecto, y preguntarme ¿en qué punto escapa a mi conocimiento esta situación? Solo entonces soy consciente de mis dudas y los aspectos desconocidos, permitiéndome entender cuál es la pregunta correcta.

Este es un tema muy amplio y ambiguo, pero mi misión con esta reflexión es ayudar a empoderarles de vuestra consciencia, de la necesidad que todos tenemos de conocimiento, y más importante aún de aprender a realizar las preguntas correctas, pues el poder de una respuesta acertada puede abrir un abanico de posibilidades.

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