Tecnología: el nuevo motor del cambio social

Estos días he reflexionado sobre el futuro, y me he dado cuenta que no todos somos conscientes de que la tecnología es probablemente uno de los motores de cambio social más importantes del mundo.

Hoy, pese a las barreras tecnológicas y sociales que aún enfrentan grandes y pequeñas empresas, la innovación en materia de tecnología y la posibilidad de una gran interconexión a nivel mundial está logrando uno de los mayores avances sociales para la época. Alcanzando al fin, el llamado “Techo de cristal”.


En 1986 el Wall Street Journal publicó un artículo de protesta ante la limitación de la mujer para acceder a empleos altamente cualificados para la época. El “Techo de cristal” fue el nombre que se le acuñó a esta barrera, que 30 años después sigue incidiendo en el desarrollo profesional de las mujeres.


En mi última publicación os dejé una pregunta abierta ¿cuántos silencios hay en la historia que esconden el éxito alcanzado gracias al talento femenino? Lamentablemente no lo sabremos a ciencia cierta, pero mi propósito es develar en una serie de posts cómo las mujeres día a día intentan vencer las barreras sociales. Demostrando que el talento no es cuestión de género, y que la insatisfacción es el arma más poderosa de transformación.

La tecnología está cambiando el ecosistema empresarial. Por un lado, la inserción de startups al entorno empresarial permite que cada vez más mujeres cambien las reglas de juego. Por otro, el valor del talento sobre el desarrollo tecnológico no tiene género. Y hoy en día, aunque siguen siendo pocas las mujeres que deciden entrar al mundo de la tecnología, el reconocimiento de sus contribuciones cada vez es menos discriminado.

¿Cómo el femtech y la tecnología están alcanzado el techo de cristal?

Investigando sobre mujeres emprendedoras me encontré con el interesante concepto de “femtech” propuesto por Victoria Yasintskaya directora de marketing de Strands. Quien lo define como la presencia de mujeres que trabajan en fintech promoviendo la presencia femenina en el campo, y aumentando con su participación el apenas 7% que representan.

La participación de las mujeres en este tipo de negocios se debe a que el entorno empresarial tradicional proporciona al género femenino una cantidad de limitaciones que impiden el desarrollo de todo su potencial y talento. Con lo cual la opción de emprender en el entorno digital les ha permitido romper con el techo de cristal; y así conciliar la forma en que quieren manejar su carrera profesional y su vida personal.

Actualmente sólo el 19% de los puestos de responsabilidad empresarial en el mundo y un 9% dentro de las startups tecnológicas de alto rendimiento financiadas con capital de riesgo son representados por mujeres. El registro es de 104 millones de mujeres liderando negocios digitales, con un ROI 35% mayor que el de las startups lideradas por hombres; pese representar datos que siguen siendo bajos, demuestran un notable cambio en los patrones de liderazgo empresarial.

Un 35% del total del registro de autónomos en España corresponde a mujeres, porcentaje que, aunque parezca bajo está por encima de la media de la Unión Europea. A pesar de que España esté por encima de la media en materia de autónomos, lamentablemente en el país sólo el 5% de los puestos directivos es ocupado por mujeres.

Emprendedoras por convicción y líderes por naturaleza:

El ejemplo de mujeres españolas como Gema Climent fundadora de Nesplora Tecnology & Behavior, una empresa que utiliza la realidad virtual para diagnosticar trastornos mentales; Ana Corrionero y Patricia Alfonso fundadoras de Enzymlogic, soluciones innovadoras para la industria farmacéutica y biotecnología; Koro Castellano directora de Kindle España o Fuencisla Clemares country manager de Google España-Portugal, demuestran que la tecnología está acompañando al cambio social, creando igualdad de condiciones para las generaciones futuras.

Sin embargo, alcanzar la igualdad de género como propone el informe Gender Gap Report 2015 del Foro Económico Mundial (WEF) solo será posible si como hermanos, padres, o miembros de la sociedad modificamos la distribución de roles desde la infancia, y como responsables de entornos profesionales promovemos la diversidad y la meritocracia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *