Diseñando el pensamiento

Cuando se está inmerso en el mundo de la empresa, como es mi caso, es necesario atender las tendencias que se generan continuamente en relación a los aspectos de gestión, porque como ya sabemos, no es lo mismo una empresa hoy que hace cinco años, o que hace tres meses. En definitiva se trata de adaptar y de adaptarse, asumiendo el conocimiento necesario para mantener el nivel de rendimiento alcanzado.

En este sentido, hoy me gustaría detenerme en un término que aglutina algunos de los conceptos empresariales básicos: el Design Thinking. En solo dos términos se designa, a mi juicio un aspecto fundamental a la hora de gestionar una empresa: contar con el aprendizaje y el fracaso como parte del proceso para llegar a la solución de problemas. Y al mismo tiempo, se adapta a las necesidades de las personas de la manera más adecuada posible.

Quienes me seguís sabéis de la importancia que doy al aprendizaje y mis ideas acerca del mismo, plasmadas más de una vez en este cuaderno de bitácora. Pues bien, el “pensamiento de diseño” o design thinking es eso precisamente: una forma de aprender. No importa el número de veces que haya que repetir el proceso; lo importante es conseguir la solución a cualquier dificultad u obstáculo.

En una charla, la colombiana Gladis Aparicio Rojas, doctora en Ciencias Físicas, afirmaba algo muy certero: “todos tenemos obstáculos; lo importante es superarlos y hacerlo desde dentro, desde tu pensamiento”. Y añadía, “si tú quieres cambiar algo de tu vida, cambia tu forma de pensar”.

Este mismo razonamiento, muy válido a nivel personal, creo que es igualmente adaptable al mundo de la empresa, al menos tal y como lo plantea el método del design thinking: añadamos al pensamiento, la acción a través de las necesidades de las personas y el uso de la tecnología —sin ella actualmente estamos perdidos—.

Otra definición es la de que es una forma de aprender mientras se crea. Creatividad e innovación, reduciendo los riesgos que van asociados a los proyectos. Esto significa que un error no tiene por qué dar al traste con un plan, cualquiera que sea la forma en la que se ha concebido.

Según Esteban Romero Frías, de la Universidad de Granada, el design thinking “se concibe como un proceso iterativo en acercamiento progresivo a una solución mejor. Para ello se debe cambiar la concepción del trabajo como algo cerrado con una entrega final y definitiva para cambiarla por un proceso de gestión de la incertidumbre y del fracaso”.

Como en cualquier proceso de aprendizaje, es preciso comprender, investigar y observar, definir, generar ideas, hacer pruebas y poner en marcha lo pensado. Se puede decir que realmente es todo un proceso científico. Sobre todo si te tiene en cuenta que consiste –también- en llevar a cabo prototipos y plantear diversas hipótesis, para saber qué es lo que funciona y qué es lo que no en relación con proyectos y clientes. Este aspecto puede ser muy interesante para los emprendedores: que sepan que una experiencia se puede diseñar y una vez logrados una serie de prototipos, pueden probarlos con sus clientes.

En las Antípodas de este planteamiento hay quienes creen que este concepto ya murió. ¿Qué pensáis vosotros?

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *