Información: ¿qué buscamos? ¿qué sabemos?

En una carta escrita por Mark Twain a Walt Whitman el 24 de mayo de 1889 con motivo de su cumpleaños, el primero hace un resumen al segundo de todos los avances que éste ha tenido ocasión de disfrutar a lo largo de su vida: el tren, la desmotadora de algodón, el telégrafo, el fonógrafo, la fotografía…Haciendo especial hincapié en la aplicación de la anestesia en las prácticas quirúrgicas, “gracias a la cual el dolor, que empezó al crearse la primera vida, llegó a su fin para siempre en esta tierra”.

Y añadía: “sí, desde luego has visto mucho, pero quédate un poco más, porque lo más grande está aún por llegar. Espera treinta años y entonces ¡échale un vistazo a la tierra!”

Más de un siglo después, seguimos creando y avanzando de tal manera que el mismísimo Twain, de poder ver el mundo de hoy, seguramente se lo tomaría con el sentido del humor que le caracterizaba, por pura incredulidad.

Leo esta carta y pienso en las diferencias entre aquél tiempo y este a la hora de valorar lo que tenemos; hoy, inmersos en la vorágine de una sociedad cada vez más tecnológica quizá no seamos conscientes del cosmos en el que nos movemos, dirigido principalmente por internet. Ese repositorio de información infinita que lo abarca todo y que nunca se acaba. O eso al menos es lo que todos pensamos.

Sin embargo ya sabemos que la información que nos llega está cada vez más fragmentada, limitándose a nuestros intereses en función de las búsquedas que llevamos a cabo en la red. De hecho ya se habla de “burbuja” en alusión a ese espacio que los buscadores convierten en un embudo mientras lo estrechan cada vez más.

De esto se ocupa el investigador y especialista en redes sociales, Eli Pariser, quien afirma que “la burbuja de filtros es el universo propio, personal, único, de información que uno vive en la red (…) Pero la cosa es que uno no decide qué es lo que entra. Y más importante aún, no vemos qué es lo que se elimina”.

El objetivo de los buscadores, por tanto, es recopilar información del consumidor para ajustar los datos obtenidos a sus búsquedas, limitando el espectro de operatividad. Es decir, el concepto del que partíamos se da la vuelta: la información la toman de nosotros y no al revés. Todo ello bajo el condicionante del comercio y el beneficio económico.

Mark Twain y Walt Witman disponían exactamente de la misma información sobre los temas de su época, por diversos que fueran. Sin embargo hoy eso no ocurre, ya que bajo el paraguas de una búsqueda idéntica, los resultados no siempre son los mismos. Esa es la gran diferencia entre su época y la nuestra. Traducido a nuestro lenguaje actual y en palabras de Pariser, “ya no existe un Google estándar”.

Aunque hay espacio para el debate, es cierto que una búsqueda perfilada nos ayuda a encontrar lo que buscamos según nuestros gustos y necesidades pero también hace que perdamos la perspectiva, olvidando de manera inconsciente que hay muchas cosas por descubrir y aprender que no somos capaces de encontrar. La razón es que desde fuera nos limitan a mantenernos en nuestra propia burbuja. Sin embargo, ¿no es esto peligroso? ¿Es posible que pueda generar bolsas de población cada vez más alejadas las unas de las otras, simplemente porque la información que les llega aumente o reafirme su visión del mundo apartándose del resto de puntos de vista?

El debate está abierto, pero aún hemos de madurar en el uso de la información en internet.

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