“Su hija no está enferma. Es bailarina”

“Empecé a oír una música que, como por arte de magia, movía todo mi cuerpo casi sin ser consciente”. Así empieza la historia profesional de una de las coreógrafas más famosas de la historia.

Sola, en la consulta de un psicólogo al que acudió con su madre, tras recibir ésta informes negativos diarios por parte de sus profesores; muerta de miedo, sin saber qué iba a pasar y por qué estaba allí, Gillian Lynne escondía sus manos para que nadie notara que no podía dejar de moverlas. No solo sus manos, también su cuerpo se movía constantemente sin que ella pudiera impedirlo; se aburría en clase y sus cuadernos mostraban un desorden absoluto. Su letra era un desastre que no conseguía mejorar.

Todas estas características hacían que sus profesores y el resto de sus compañeros la apuntaran con el dedo; como siempre, alguien que se sale de las normas establecidas rompe los esquemas y termina con la paciencia de todos los que componen su entorno. Hoy habría sido diagnosticada como un caso de TDAH, sin embargo a principios del silo XX este trastorno era muy poco conocido, incluso entre la comunidad científica; de ahí la preocupación de su madre ante su despiste continuo y su imparable actividad. Sin embargo el psicólogo lo tuvo claro desde que observó su reacción al escuchar la música: “Señora Lynne, Gillian no está enferma. Es bailarina. Así que llévela a una escuela de danza”. Con estas palabras dirigidas a su madre, el doctor describió el destino y la pasión de aquella niña inquieta que incordiaba continuamente a todo el mundo y parecía que no le interesaba nada.

Con el paso del tiempo reconocería qué fue lo más importante de aquellos años difíciles de infancia en Inglaterra:  “sinceramente, algo tan sencillo como la preocupación de mi madre, la observación cuidadosa de personas que se preocuparon por mí y, por supuesto, el trabajo duro y la confianza de saber que realmente me estaba dedicando a mi verdadera pasión”.

Desde aquella consulta hasta sus actuaciones en la English National Opera o Broadway hay una larga y exitosa carrera de conquistas personales y profesionales a un tiempo que, básicamente suponemos que la han hecho feliz.

¿Cómo no lo iba a ser cuando celebró su vigésimo cumpleaños actuando como solista en La bella durmiente de Tchaikovsky, en el  Royal Opera House? Esto es mucho más que un sueño, algo casi inalcanzable, para muchos de los bailarines profesionales que se dedican en cuerpo y alma a la danza no solo hoy sino a lo largo de todos los tiempos.

Quizá a estas alturas del relato a muchos no les suene su nombre pero si digo que como coreógrafa, son suyos los musicales Chitty Chitty Bang Bang, Cats, El fantasma de la ópera y Aspects of Love, todos ellos reconocidos a nivel internacional con enorme éxito, quizá empiecen a situarla.

Bailarina, coreógrafa, directora…Y era una niña insoportable. Una niña con TDAH que no sabía por qué se aburría con todo lo que a los demás les entretenía; y que consiguió preocupar a su propia madre hasta el punto de hacerla pensar que estaba criando a una hija realmente enferma. Sin embargo Gillian tuvo suerte, a pesar de la época que le tocó vivir, de soportar los efectos de la Segunda Guerra Mundial y de ser mujer, condiciones todas ellas poco ventajosas.

El mundo sigue estando plagado de “Gillians Lynne” incomprendidas por todos, molestas, insoportables en el día a día, empeñadas en no hacer las tareas asignadas en el colegio, distraídas y sin embargo, con un talento fuera de lo común. Solo hay que saber escucharlas y en su caso, tratarlas de manera efectiva.

Son casos de TDAH que hoy se pueden diagnosticar y tratar para que la vida no se convierta en una pesadilla para quienes lo son y para sus familias.

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