Insatisfacción: un aprendizaje permanente

Como todos sabéis, acabo de estrenarme como escritor y desde mi humilde posición como aprendiz, no puedo dejar de reconocer y admirar a quienes me han precedido en esta labor, concienzuda y trabajosa.

Y en estas fechas, en las que se acerca la Feria del Libro, me gustaría que este post sirviera de homenaje a esos escritores de raza, ejemplo e inspiración para todos los que intentamos caminar por el sendero de las letras.

Como también sabéis, uno de los temas vertebradores de “El aprendizaje de las cicatrices” es la insatisfacción; tema del que obviamente no soy el único que ha escrito. Por ello creo que es interesante conocer qué se ha dicho anteriormente; ¿es un sentimiento inmutable a lo largo de los siglos? ¿Qué razones hacían a nuestros abuelos sentirse insatisfechos?

Lo que es obvio es que su descripción llegó a ser tan certera por parte del gran Gustave Flaubert que el nombre de uno de sus personajes sirvió para definirla: bovarismo. ¿Quién no recuerda el personaje de Madame Bovary? La mujer que se debatía entre sus ilusiones y la realidad, siempre preparada para frustrarlas, terminó por dar nombre a un estado de insatisfacción permanente que sigue conquistando a los lectores a lo largo del tiempo. Y tanto historia como personaje siguen resultando cautivadores, quizá porque seguimos identificándonos con ambos.

Saltemos a otro escritor de corte completamente distinto: Miguel de Unamuno, un continuo insatisfecho. La propia limitación del individuo le hacía sentirse así; sin embargo en cierto modo repite la idea del anterior personaje en el sentido de un deseo de superación constante rechazando de plano el conformismo. Quizá sea Unamuno el autor que mejor refleje un mundo interior de conflicto e insatisfacción permanente.

Otros dos más: Charles Dickens y Jane Austen. Autores apasionantes y creadores de grandes insatisfechos capaces de generar una empatía con el lector difícil de replicar. ¿Quién no se ha angustiado con los personajes del primero?

Y vuelta al presente. Quizá hoy cambien los motivos que generan insatisfacción pero la esencia del sentimiento es la misma. Detrás de los avances científicos y tecnológicos de nuestra era, incluso de la prosperidad económica, encontramos con frecuencia un gran vacío del espíritu humano, lo que hace que aumenten la insatisfacción y la frustración. Pero cuidado, eso no significa que ambas sean conceptos cien por cien negativos, de hecho, creo que esta última es un elemento muy creativo, capaz de generar auténticas obras maestras no solo en el campo de la literatura, también en el de la pintura, escultura o arquitectura.

Incluso hoy sabemos que no hay por qué cambiar el contenido de los pensamientos negativos, solo hay que aprender a relacionarnos con ellos, dándoles distancia; percatándonos de su verdadera naturaleza: transitoria y cambiante.

En el prefacio de mi libro hablo de esto cuando afirmo que vivimos bajo el asedio de una gran mentira: la del pensamiento positivo. Y que lo peor del pensamiento positivo es no es que sea una mentira total y abierta, sino que se trata de una “media verdad”. Hace falta algo más que pensamiento positivo para cambiar una realidad hostil. Con pensamiento positivo no basta. Es necesario convertir la insatisfacción en energía.

Esta es mi reflexión, que sin duda viene influenciada de manera inconsciente por todas las lecturas que me han hecho pensar y disfrutar a lo largo de mi vida. Por todos los grandes que ya hablaron de insatisfacción y de frustración y tuvieron la maestría de convertir ambos sentimientos en grandes obras de arte.

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