Prueba y error: la curiosidad como motor

Común a humanos y animales, carece de explicación científica, sin embargo existe un buen puñado de definiciones que no acabarían nunca, porque cada uno tenemos la nuestra. La curiosidad. Vivir colgado de un interrogante, algo que propicia necesariamente el aprendizaje desde que nacemos.

En mi caso ha sido la mayor fuente de crecimiento profesional: la curiosidad por saber y aprender, aceptando al mismo tiempo que cometeré miles de errores. Pero eso siempre ha nacido de mi insatisfacción; así que soy y seré incapaz de quedarme quieto y dejar de aprender.

Y como yo, esos niños que están empezando su aprendizaje y necesitan respuestas; miles, y todos los días. No aportar simplemente nombres, sino respuestas justificadas, que no siempre se dan en la escuela. Ocurre en cuestiones como “¿por qué un cuerpo flota en el espacio o en el agua?” Hablarles de Arquímedes o Newton no va a saciar su curiosidad; necesitan un razonamiento lógico. De hecho una de las primeras preguntas que formulamos en nuestra vida es “¿por qué?”

En el caso especial de los niños con TDAH, (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) -y yo fui uno de ellos-, la curiosidad se convierte en una motivación para obtener información externa.

“Lo importante es no dejar de hacer preguntas. No perder jamás la bendita curiosidad”

Albert Einstein

Hoy en día, cuando hablamos continuamente de innovación, hemos de unir el concepto al de curiosidad, porque uno sin el otro carece de sentido. Y aquí entramos de lleno en el terreno experimental: explorar y conocer más allá de nuestros propios límites es la labor por excelencia del científico, y gracias a esto hemos alcanzado las elevadas cotas en materia de investigación en las que nos encontramos ahora. Y sin necesidad de mirar fuera: en España tenemos algunos de los investigadores más punteros en todos los ámbitos de la ciencia y la tecnología.

Es aquí, en su ámbito investigador, donde la curiosidad cobra más sentido, llegando a logros realmente trascendentes para el ser humano.

El mejor ejemplo de esto son disciplinas como la nanotecnología y la biotecnología: células y átomos, cada uno en su campo, como protagonistas de una carrera de fondo que han conseguido modelar el mundo en el que nos movemos. Convertir enfermedades mortales en crónicas o generar inteligencia artificial son dos de los pasos de gigante que hemos experimentado gracias a nuestro afán de conocimiento y expansión, ampliando los límites de lo conocido y fusionando al hombre y la máquina. Esto último es el objetivo que un gran curioso como Elon Musk, convencido del potencial del ser humano, no solo para desarrollar sus infinitas capacidades, sino para crear más allá de lo imaginable.

Sin embargo en ocasiones, durante la adolescencia, se pierde la curiosidad innata y debería ser de obligado cumplimiento un reencuentro con ella que la convirtiera en el centro de nuestra actividad; permitirle ser la fuerza que nos mueve. Como a un científico; cultivándola cada día.

Inmersos como estamos en plena transformación digital, creo que el mundo hoy pertenece a los insatisfechos, a aquellos que son conscientes de que solo hay un modo de vida: “modo desarrollo”.

2 Comentarios

  • Antonio dice:

    Muy buen artículo. Muy inspirador. En mi humilde opinión, la ambición a lograr cosas, nos mueve hacia buscar cómo lograr nuestros objetivos y de ahí sale el hambre de conocimiento. Ergo; ambición = búsqueda de comocimiento

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