Una bendición y un reto: hablemos del TDAH

A veces la gente me pregunta si el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) es una enfermedad o una maldición. Y sobre todo cómo ha afectado al éxito de mi carrera, especialmente en el desarrollo de mi trabajo como CEO de Levante Capital Partners (LCP) a una edad tan temprana como la mía… Y lo cierto es q la gente me lo pregunta  hasta con compasión…

Permitidme que os explique lo que ha sido para mi el TDAH. En pocas palabras: mi mayor reto y mi mayor bendición.
Os cuento por qué: el TDAH me ha obligado a aprender a ser disciplinado para conseguir lo que quiero; a ser tolerante con la frustración y a no rendirme jamás porque soy plenamente consciente de que no siempre lo conseguiré a la primera por muy inteligente que sea. Y eso está bien.

También he aprendido a gestionar situaciones tales como el hecho de que siempre aparezca gente que no te entiende y te tratará de loco porque tu cerebro va a una velocidad incomprensiblemente rápida. Y eso también es positivo. A no darle muchas vueltas a tus errores (y creedme que he cometido y cometo muchísimos errores) pues como buen TDAH —y como cualquiera—, aprendes a base de probar, probar y volver a probar.

Pero el TDAH también me ha dado herramientas increíbles y muy útiles: una intuición sobrehumana, una capacidad intelectual increíble, una capacidad  de concentración hasta la obsesión en aquello que me apasiona. Y quizá la más interesante: una curiosidad innata que me lleva a querer saber de todo y aprender de todo. Son habilidades mentales que no es fácil encontrarlas en quienes no padecen este síndrome ni otro semejante.

No es nuevo que quienes tienen problemas para concentrarse en una sola cosa por mucho tiempo pueden resultar unos empleados nefastos; sin embargo, su cerebro puede ser la fuente de las mejores ideas. Visto así, ¿quién puede decir que el TDAH es un problema en toda la extensión de la palabra?

Richard Branson, fundador de Virgin y todo un ejemplo de emprendimiento tiene TDAH y es un auténtico “animal de empresa”; alguien que siempre abogó por romper las reglas y hacer las cosas como quería, que casi nunca coincidía con la manera en la que las hacían los demás. Arrancar desde lo inaceptable, porque…¿quién dijo que eso era así? He aquí la lucidez mental de quien se cuestiona todo lo establecido con audacia y tenacidad. Llegar a la meta significa trabajo duro pero también instinto y consciencia de los fracasos; y sobre todo no rendirse nunca. Y apuesta clara por lo diferente.

Últimamente cuando hablo de este tema suelo tomar como ejemplo también al que se ha convertido en un héroe personal para mi: el nadador estadounidense Michael Phelps. Él tiene TDAH y es el deportista olímpico más condecorado de todos los tiempos. Alguien que también ha tenido que negociar con sus demonios y sus limitaciones como cualquier TDAH. Pero sobre todo ha sido capaz de extraer lo mejor de nuestra “especial condición”: él ya es una leyenda viva. Sin embargo, lo que nadie ve, en su caso y en el mío, es que conseguir dominar y “aprovechar” el TDAH conlleva muchas y muchas horas de trabajo, esfuerzo, lágrimas en solitario, frustraciones y noches en blanco, luchando contra tus pesadillas para conseguir hacer realidad tus sueños….

Empresarios, deportistas…los ejemplos son incontables y todos ellos brillantes en su actividad. Y lo más importante: un gran estímulo para quienes creen se sienten mutilados por un mal perverso.

Hoy quiero compartir esta reflexión en mi particular cuaderno de bitácora y enviaros un mensaje. De donde quiera que seáis y  cualquiera que sea vuestra condición: construid vuestra leyenda. No hay excusas, ni el TDAH, ni enfermedades, ni dolor alguno. Vosotros mismos podéis crear vuestro propio legado, haciendo que el mundo sea un poco mejor, ¡porque lo habréis conseguido!

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