Ecosistemas empresariales o cómo generar progreso y bienestar

 Silicon Valley es quizá el mejor ejemplo, pero no el único. Cuando hablamos de ecosistemas empresariales, su nombre es el primero que se pone de ejemplo, el principal referente. Nueva York y Boston tampoco se quedan atrás y de esta manera llegamos a la conclusión de que Estados Unidos sigue siendo el país en el que este sistema empresarial ha adquirido mayor desarrollo. ¿Quién no conoce Amazon, Google, Facebook, Twitter o Groupon?

Comencemos por saber qué es un ecosistema de empresas: por definición,  es el conjunto de empresas o negocios que comparten intereses y se cuidan. Que trabajan los puntos en común entre empresas colaboradoras de diferentes sectores. Y que tienen claro que entre ellas crean industria, y contribuyen a mejorar la economía y el bienestar.

No todos los ecosistemas ofrecen la misma competitividad en el mercado; porque no todos poseen las cualidades que se les atribuyen a estos que se pueden calificar de “sobresalientes”: densidad, fluidez, conectividad y diversidad.

En el contexto económico y social que nos ha tocado vivir, a estas alturas todos somos conscientes de la importancia del emprendimiento; de su contribución al desarrollo y de las ideas geniales que podemos ver en proceso cada día, cargadas de futuro. De ahí la oleada de iniciativas, muchas de ellas de la mano de los Estados, que han percibido la emprendeduría como un pilar básico de su progreso.

Si tenemos en cuenta que toda empresa se comporta como un organismo vivo, es lógico pensar que la evolución de ésta pasa en muchas ocasiones por la necesidad de relacionarse y establecer flujos de energía con otros organismos de su entorno, adaptándose a las necesidades ineludibles y cambiantes que requiere el mercado.

En el libro “Trabajar en la era digital”, de Luis Lombardero, éste afirma, en esta misma línea: “es necesario que las empresas identifiquen cómo cambiarán los negocios en la nueva era, cómo se transformará la organización a los ecosistemas empresariales, que el trabajo se mercantiliza y que se utilizarán transacciones diferentes de las retributivas”.

Y desde luego, ningún ecosistema puede olvidar la innovación, que en este ámbito siempre contribuye a la permanencia en el mercado. Esto, en muchas ocasiones conlleva un cambio cultural que implique adaptación a un entorno, crecimiento personal y profesional.

Desde mi experiencia puedo afirmar con seguridad que gracias al 4.0, lo más importante para una empresa es tener una buena red de partners capaces de trabajar en un entorno colaborativo, haciendo cada una su parte, complementándose con el resto y con lo que hacen sus socios con un único fin: conseguir mejores resultados de cara al cliente. Una empresa ya no tiene que hacerlo todo, al contrario de lo  que ocurría hasta hace poco y aquí es donde se sitúa ese cambio de mentalidad al que aludía más arriba.

Si queremos definir con acierto nuestras estrategias competitivas hemos de conocer las características del ecosistema en el que estamos integradas y que más nos favorece: creo que esta es la única manera de progresar y conseguir mantenernos al nivel deseado.

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