Big data vs small data

En la empresa, en la Universidad, en la calle, hablamos de Big Data, uno de los conceptos clave a la hora de realizar cualquier tipo de análisis, y de hecho absolutamente necesario en la empresa, debido a la ingente cantidad de datos que se manejan y que requieren de mecanismos capaces de sistematizar toda la información recibida.

En realidad, para dejar claro el concepto, se trata de convertir el dato en información que facilite la toma de decisiones, incluso en tiempo real. Y al mismo tiempo es una oportunidad de negocio, ya que entender las necesidades y el sentir de los clientes pasan por esta labor de sistematización: poder adecuar la forma en la que interactúa la empresa con sus clientes y en la prestación de sus servicios.

Recibir los datos con rapidez supone poder procesarlos de manera ágil y así tomar decisiones sin perder tiempo. Y desde luego, también garantiza la seguridad de que se cuenta con datos veraces y de calidad, dejando fuera imprevistos. Y a todo ello va unido el valor, saber qué datos se deben analizar. Tan importante es este campo que de aquí ha surgido la figura del científico de datos, un profesional con visión de negocio y perfil científico y tecnológico.

Si el Big Data consiste, entre otras cosas en encontrar correlaciones, el Small Data se preocupa por las causas, las razones que están detrás de las cosas, algo que se suele olvidar cuando solo se piensa en cifras; tener esto en cuenta ha llevado al éxito a muchos negocios. Y es que ambos son complementarios, ya que el Big Data les está diciendo que la interacción personal es necesaria.

Quizá el ejemplo más significativo es el de LEGO, que en la década de 1990 se dejó llevar de manera automática por las previsiones que le ofrecía el Big Data acerca de los gustos de la generación nacida en la era digital. Así, cambió la forma de las piezas y aumentó la facilidad de sus juguetes. Sin embargo se equivocó y terminó por acumular pérdidas millonarias. ¿Dónde estuvo el fallo de los altos ejecutivos que tomaron esta decisión? En fiarse solo de los datos sin tomarle el pulso a los propios aficionados al juego de LEGO, al usuario directo. Hasta que percibieron, gracias a un niño de once años que lo importante para él y probablemente para todos los que jugaban con LEGO no eran datos y grandes cifras para expresar records, sino impresiones, valores, sensaciones como las que transmitían, en este caso, sus viejas y gastadas zapatillas de skater. Y de esto se ocupa también el Small Data.

Realmente éste es de gran ayuda en cuestiones tales como identificar canales y precios para la distribución, explorar cómo mejorar productos y ventas según particularidades locales o averiguar fuentes de materiales disponibles. A veces una simple pregunta a un individuo puede revelar más información de cara a las futuras necesidades de producción que todas las cifras analizadas por el Big Data.

Si realmente en el mundo empresarial es imprescindible saber en todo momento lo que está pasando, debemos anticiparnos y para ello es de gran ayuda no desdeñar ninguno de los instrumentos a nuestro alcance. Big Data y Small Data se necesitan y complementan, siempre en un sentido inequívoco de ir hacia delante.

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