Por qué el cambio (casi) siempre es positivo

Es curioso cómo en ocasiones la rutina diaria puede ser capaz de descubrir nuestras mayores contradicciones, enfrascados como estamos en el día a día. Por ejemplo, el hecho de que la seguridad y el confort que nos proponemos como objetivo vital y que con el tiempo logramos proporcionarnos a nosotros mismos, puede ser el origen de auténticos problemas, en lugar de causarnos satisfacción y bienestar personal. Es en esos momentos cuando surge la necesidad del cambio y al mismo tiempo nuestra propia flexibilidad para saber y poder afrontarlo. No todo el mundo goza de una inmediata disponibilidad mental para ello. Reconozcámoslo: somos reacios al cambio salvo que se trate de una situación insalvable que no admita otra solución.

Este es el corazón de mi post de hoy: el cambio. Porque en realidad todos somos capaces de cualquier tipo de cambio, de ajustarnos a sus condiciones como quiera que se den ya que a la larga siempre es ventajoso.

Si saltamos al mundo de la empresa ocurre lo mismo. Los avances no se dan sin cambios previos; en el desarrollo, en las estructuras de la organización, en los procesos, en la gente, en la tecnología. Como ya afirmó Adam Smith en “La riqueza de las Naciones”, en 1776, uno de los mayores avances en la productividad laboral fue la división del trabajo. Esto que hoy es una constante que marca el devenir de nuestra actividad diaria, en aquel momento supuso una auténtica revolución. Y desde entonces quedó claro que los cambios garantizan la supervivencia y la evolución de una empresa.

Si continuamos con la historia, hasta mediados del siglo XIX los negocios eran sobre todo pequeños y de recorrido familiar, dirigidos sólo al ámbito de los mercados locales. Sin embargo la difusión del telégrafo y de los medios de transporte iniciada en esa misma fecha, hizo posible la expansión de los mercados nacionales e internacionales. Y al mismo tiempo se produjo un cambio organizacional que trajo consigo que la mano de obra llegara a ser más rentable y necesaria.

Este desarrollo a su vez hizo que los gerentes de las empresas tuvieran un mejor control sobre los trabajadores y al mismo tiempo se consiguió que éstos aprendieran a manejar manuales en los que circulaban procesos y procedimientos.

Todo esto resulta fácil sobre el papel, sin embargo es lógico que surjan las dudas y los temores por parte de responsables y empleados; para ello son importantes varias cosas, entre ellas reconocer el cambio y participar en él; mantener una actitud positiva y flexible y adaptarse, aumentando al mismo tiempo el valor de uno mismo y en consecuencia el de su empresa.

Jesús Alcoba en su libro “Ultraconciencia”, afirma: “no existen las obras individuales, cualquier creación es el resultado de un sistema de relaciones en el que el autor es únicamente la pieza visible”. Si queremos que en una empresa triunfe el trabajo en equipo es crucial aplicar los cambios de manera racional.

Es por ello necesario —y así lo he comprobado a lo largo del tiempo— que para facilitar cualquier nuevo proceso en la empresa es necesario asimismo apoyar a las personas para que en primer lugar, lo visualicen haciéndolo suyo y así se involucren voluntariamente en el logro del objetivo resultante de la situación emergente.

Por otro lado una de las labores del liderazgo activo es la de ayudar a los demás a defenderse en la situación de desequilibrio en la que vivimos hoy, identificando lo que está en riesgo durante la situación de transformación. Dirigiendo el cambio adaptativo tanto en las personas como en las organizaciones.

Los cambios nos esperan a la vuelta de la esquina. Sin ir más lejos, a través de un hecho tan sencillo como el de organizar la información que recibimos cada día: millones de datos que nos hacen cambiar de estrategia si queremos procesarla de una manera coherente y útil para nuestros fines. Cambiamos de dispositivo móvil porque necesitamos instalar las herramientas que nos faciliten ese proceso de selección de información. Y seguramente cambiamos las propias fuentes de información a favor de otras más útiles, directas y afines.

Resumido en una frase coloquial: “renovarse o morir”, sin perder el modelo de referencia pero aprendiendo las ventajas de salir de la zona de confort, venciendo la resistencia al cambio y a la incertidumbre.

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