La Universidad que vino para quedarse

Vayamos a los orígenes, miles de años atrás, para poder entender lo que está ocurriendo ahora. No es descabellado hablar de la rueda o la imprenta para poder entender el momento histórico en el que nos encontramos. Tampoco sería exacto decir que hemos empezado a despegar, porque en el mundo tecnológico los avances no surgieron ayer. La I+D, los gráficos logarítmicos, el proyecto del genoma…: todos ellos conceptos que, aunque a primera vista no tengan mucho que ver, son partes de un todo que conforma la base de lo que llamamos revolución tecnológica, prolongada en el tiempo de manera imparable y a lo largo de un proceso cada vez más acelerado.

Poder secuenciar el ADN y escanear nuestro cerebro son dos ejemplos que suponen un paso de gigante en este sentido, pero en realidad son solo la punta del iceberg. Asombra la progresión, pero lo hace aún más el hecho de lo predecible que es, ya que ninguna crisis económica le ha afectado hasta conseguir pararla. Lo que en los años 80 del siglo pasado ocupaba una habitación entera, cabe ahora en nuestros bolsillos: solo esto bastaría para explicar de manera muy gráfica el salto cualitativo experimentado en el campo de la tecnología.

Ahora bien, la percepción que se tiene de ésta en muchas ocasiones es tan fría y distante como la que ofrecen un grupo de cables o chips, sin más. En este punto es cuando conviene aterrizar el concepto para apreciar todo el bien que puede hacer a la humanidad. Y es entonces cuando tenemos que hablar de la Universidad de la Singularidad.

Peter Diamandis, uno de sus creadores, afirma que la tecnología “es la mayor fuerza para producir un mundo de abundancia”. Y añade: “en 2010, teníamos menos de 2 mil millones de personas en línea, conectadas. Para 2020, pasará de 2 mil millones a 5 mil millones de usuarios de Internet. Tres mil millones de mentes nunca antes oídas que se suman a la conversación global.  Y en lugar de un colapso económico tendremos la mayor inyección económica de la historia”. Por eso, desde su punto de vista, la explosión demográfica no debe asustarnos ya que existe una gran “protección”: dotar al mundo de educación y salud.

Mejor salud y más educación, los dos bienes más preciados del hombre, capaces de llegar allí donde ha sido más difícil a lo largo de la Historia, ahora a golpe de click. Eso es evolución y crecimiento y la tecnología es la que lo ha logrado.

Cuando Carl Sagan definió la tierra como “un punto azul”, fue debido a que está formada en su mayoría por agua; un agua por la que existen conflictos que podrían desaparecer en un breve plazo de tiempo gracias a la nanotecnología.

Resulta fácil de entender, pues, que la formación tanto de directivos como de personas, necesite encauzarse de manera diferente. Y para ello surge esta Universidad con sede central en Silicon Valley (California) y dirigida por el científico Ray Kurweill. Inteligencia artificial, tecnologías avanzadas, biotecnología, nanotecnología: estas disciplinas son las que ocupan sus temarios, todas ellas áreas de la tecnología de la información.

Esta Universidad se centra en un nuevo paradigma con un claro eje vertebrador: informar y preparar a la sociedad para los enormes cambios tecnológicos que se avecinan en los próximos 30 años, de acuerdo con el crecimiento exponencial de las nuevas tecnologías. Si por singularidad se entiende el momento en que la inteligencia artificial supere en capacidades al cerebro humano, se puede decir que vamos por el camino de conseguirlo; no tenemos más que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que ya hace mucho tiempo que cuando entramos en quirófano nos puede operar un robot y no la mano de un cirujano.

La Universidad de la Singularidad cobra aún más sentido si tenemos en cuenta que el ser humano necesita encontrar un porqué a lo que le sucede, poder describir lo que le ocurre a él y lo que ocurre a su alrededor: una razón más para justificar la necesidad de esta Universidad y su progreso.

Hoy y siempre el ser humano se ha propuesto retos, sin embargo la ventaja con la que contamos en la actualidad es el poder que nos otorga la tecnología; si tenemos la pasión, podemos complementarla con el capital económico y humano para conseguir logros extraordinarios. De esta manera cualquier pequeño equipo puede hacer cosas que antes solo podían hacer las grandes empresas consolidadas o los Gobiernos.

En la actualidad, Barcelona cuenta con un equipo estupendo de la Universidad de la Singularidad y con profesores realmente entregados, un proyecto que merece la pena conocer.

Pensamiento y evolución. Innovación y tecnología. Todos ellos en una senda imparable que es imposible dejar de lado y que, bien entendida y manejada, nos aportará los mayores avances conocidos en muchos años.

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