Ciberseguridad, nuestro reto futuro

En cierta ocasión, hablando sobre tecnología, afirmé que “toda empresa debería tener un libro de aplicaciones”, en alusión a los propios recursos tecnológicos de los que nos servimos. Y sigo creyéndolo, ya que lo constato a diario en mi propia empresa.

Hoy nadie duda de que las soluciones y aplicaciones tecnológicas son necesarias para las grandes empresas. Evernote o Feedbin son instrumentos de los que nos servimos para gestionar de manera efectiva el enorme volumen de información que nos llega a diario y que necesitamos filtrar para hacerla efectiva. A mi juicio, una de las labores fundamentales de un directivo es la de saber “por dónde va el viento”; contar con una visión general de lo que pasa en el mundo. Pero también particular, en lo que atañe a aquellos temas que le tocan más de cerca.

Ventajas aparte, no hemos de olvidar que a menudo, arrastrados por estas tendencias que afectan a todos los ámbitos de nuestra vida, vivimos en una permanente “borrachera tecnológica” que nos impide ver más allá y sobre todo pararnos a pensar en que todo —la tecnología también—, tiene su lado negativo. Hoy se ha acuñado una palabra que explica este otro lado de la moneda: es la ciberseguridad. Este término, acuñado ya a nivel global, presenta sin embargo una difícil definición, entre otras cosas porque no resulta fácil identificar sus límites. Lo que sí está claro es su relevancia y complejidad; no es solo informático ni tampoco es solo tecnológico.

Como su propio nombre indica, las actividades que engloba este término implican protegernos de las amenazas que afecta tanto a ciudadanos como a empresas, expuestos en todo momento a los riesgos que genera el ciberespacio en el que nos movemos. La tecnología es vulnerable, por eso debe estar revestida por esa capa protectora que es la ciberseguridad.

Un ejemplo conocido por todos es el de los virus informáticos, una amenaza que, efectivamente, puede contaminar millones de ordenadores. Quizá uno de los ataques informáticos más sonados fue el perpetrado a la empresa Sony Pictures en el año 2014; el resultado fue catastrófico: la filtración de cantidades ingentes de datos, registros, correos… La frase hecha de que “la información es poder” tiene aquí un buen exponente.

Digitalización en la empresa sí, sin duda, pero con un control exhaustivo de las actividades que se llevan a cabo en las redes de nuestras empresas. Tanto su supervivencia como su actividad diaria pueden verse amenazadas por esta interconexión. Si la inversión de las empresas españolas en ciberseguridad ha crecido un 26 por ciento desde 2012, hasta los 3,7 millones de euros por compañía en 2016

En nuestro país el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) habla de resiliencia, pero en este caso aplicada a la ciberseguridad y trata de lograr la “confianza digital de ciudadanos, profesionales y empresas”.

Según el estudio “Tendencias en el mercado de la Ciberseguridad”, del INCIBE, “el uso de Big Data Analytics en el sector bancario y de seguros, permite entre otras la detección y prevención del fraude en tiempo real, reduciendo los costes de monitorización e investigación de incidentes y por tanto reduciendo las pérdidas derivadas de actividades fraudulentas”

Digitalización o muerte: he aquí una de las máximas que rigen el mundo de la empresa hoy en la que todos estamos de acuerdo. Y por lo mismo, obligados a conocer los riesgos que entraña para poder esquivarlos.

Trabajamos en la nube con montones de claves y eso tiene sus riesgos; por ello ha sido necesario establecer protocolos de comunicaciones a través de copias de seguridad, cifrados de información, etc.

Adaptación al entorno y conseguir que nuestros sistemas sean seguros: he aquí los retos empresariales para este siglo y los futuros.

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