Fintech: la nueva revolución tecnológica

Hoy tengo entre las manos un libro cuya lectura me ha inspirado este post, y lo he decidido así por lo actual y pertinente del tema. Y porque creo sinceramente que da en la diana de las consecuencias de un fenómeno que está marcando ya nuestra forma de vivir. “El futuro es fintech” bucea en el epicentro de lo que realmente conforma el pensamiento actual y la forma de hacer en el mundo de las finanzas a todos los niveles.

El término “Fintech” significa tecnología financiera, pero también y según la autora, Susan Chishti, “el poder de las personas”, ya que a través de este mecanismo ellas tienen el control sobre su propio dinero. “Engloba una nueva oleada de empresas que están cambiando la manera en que la gente paga, manda dinero, presta, accede al crédito e invierte”. Para hacernos una idea de su relevancia, en 2015 las inversiones en Fintech alcanzaron los 22.000 millones de dólares y tienen visos de seguir creciendo.

Es interesante analizar el origen de esta tendencia, que se sitúa a partes iguales entre los millenials y la crisis financiera: si bien bancos y banqueros no siempre han gozado de buena prensa, la grieta de la crisis consiguió alejar aún más a aquellos del conjunto de la población, que ha buscado el medio de prescindir de las entidades bancarias en la medida de lo posible. Sin embargo lo hemos interiorizado tanto que parece que olvidamos la revolución que ha supuesto. Y ésta comienza por la democratización de la información, que ha dejado de ser privilegio de unos pocos para pasar a estar al servicio de todos.

“Parecía improbable pero la Fintech se ha convertido en el sector más candente del planeta”

Luke Hally

Un buen ejemplo de estos procesos son los denominados Robo Advisors (RA), que en realidad son asesores de inversión automáticos que pueden construir carteras, ajustarlas, revertir dividendos, compensar pérdidas fiscales, etc. El trabajo del inversor se limita a definir sus objetivos, su perfil de riesgo, su edad e ingresos. Todo lo demás lo hace el programa, optimizando la inversión a costes muy reducidos. Otra ventaja añadida es que las comisiones se limitan a una única por costes de gestión de entre un 0,15 y un 0,5 por ciento.

Lo que se consigue con esto es acercar la asesoría financiera a prácticamente a  todo el mundo: de nuevo la democratización.

La pregunta surge cuando hablamos de coexistencia: ¿pueden convivir las instituciones tradicionales con estos nuevos “actores innovadores”? “La gente necesita servicios bancarios, pero no necesariamente necesita a los bancos”: esta frase de Heather Cox, directora de Servicios al Cliente de Citi, resume a la perfección la situación de la que estamos hablando.

Se puede decir que vivimos en una época online que inevitablemente ha llegado a la Banca y a sus servicios al cliente. Si además tenemos en cuenta que las próximas generaciones únicamente conocerán esta forma de operar, la demanda se centrará, por imperativo social, en lo tecnológico. De modo que términos como blockchain pasarán a formar parte intrínseca de su lenguaje; de hecho no van a entender otro.

Por nuestra parte, desde Wicon, somos conscientes de esta realidad, de la necesidad de talento digital en la banca tradicional; y nos adaptamos a ella como la única posible, entendiendo que los modelos mixtos son el “caballo ganador” del presente y del futuro.

Otro aspecto del que trata el libro y que me parece tremendamente interesante es la enorme y positiva influencia del fintech en las economías emergentes. En palabras de Susan Joseph, fundadora de Leverige LLC, “el mayor y más rompedor aspecto que hay que entender y que vale la pena repetir, es que se está llegando a los sin-banco. La economía del dinero en efectivo está siendo completada con el acceso móvil a los fondos digitales”. Se puede decir, pues, que la fintech mejora la sociedad de manera sustancial, eliminando barreras estructurales y reguladoras.

Son nuevas tecnologías al servicio de los pobres, invisibles para el mundo bancario en los mercados emergentes; quienes innovan en el mundo de la banca los han elegido a ellos para capitanear el cambio protagonizado por la Fintech. Añade S. Joseph: “curiosamente el principal facilitador de la inclusión financiera no es la innovación en Fintech por sí misma: es el teléfono móvil”.  Es el caso de Safaricom, en Kenia, donde el 85 por ciento de todos los adultos utilizan servicios móviles de dinero para hacerlo circular a través de los operadores móviles de telecomunicaciones. Y estas operaciones no circulan por los bancos.

“La banca tradicional no está liderando el cambio. Las empresas de telecomunicaciones han dado un paso al frente y las transacciones a través del móvil son la fuerza con la que hay que contar”. Además de África, “el Sureste Asiático cuenta también con una serie de hubs emergentes de Fintech. Hong Kong y Singapur están creciendo a partir de sus economías existentes de comercio y servicios, como el Fintech Innovation Lab en Hong Kong, gestionado por Accenture y que se asocia con bancos de todo el mundo”.

Como afirma Paolo Sironi, de IBM, “no podemos decir si la banca actual se extinguirá o bien se transformará bajo la presión del mercado y los usuarios (…). Lo que nos depara el futuro es una situación probable en la que un puñado de empresas transformadas digitalmente se convertirán en los nuevos operadores dominantes, mientras que las instituciones tradicionales que no quieran o no puedan adaptarse al cambio quedarán rezagadas”.

En la actualidad ya convivimos con el Fintech, sin embargo los servicios de los que hacemos uso son solo la punta del iceberg, el inicio de una gran sacudida que nos afectará mucho más de lo que podamos imaginar. Ahora sí que podemos decir, parafraseando la canción, aquello de que “el futuro ya está aquí”.

 

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