Fuego y alma de una empresa

En el post de hoy regresamos a La Fageda, ¿recuerdan? Aquel proyecto fundado por el psicólogo Cristóbal Colón calificado como “empresa de locos” que fabrica los mejores yogures y sigue cautivando a todo el que se acerca a él. Por varias razones, que se desprenden de un simple análisis a primera vista y que tanto directores como trabajadores reconocen y llevan a efecto cada día:

  • La sencillez de buscar lo auténtico, basado en el ser humano: “intentamos que el ambiente de trabajo sea el mejor para todos los que trabajamos aquí”.
  • El pleno y humilde convencimiento de que lo que hacen es lo mejor: “todo nuestro interés se centra en hacer el mejor yogur del mundo”.
  • La demostración de que, para que las cosas salgan bien, lo más importante es amar lo que se hace: “la gente que los produce (los yogures) ama su oficio y trabaja con ilusión”

En La Fageda se hacen yogures, aunque el abanico de producción se ha abierto a otros productos como flanes, helados, etc. Los trabajadores, antes privados de la capacidad para desarrollar cualquier actividad que no fuera simplemente la de “estar” en un manicomio, trabajan al aire libre, en contacto con la naturaleza. Y sus creadores, con Cristóbal Colón a la cabeza, comenzaron por construir un vivero; sin embargo poco después dieron la primera vuelta de tuerca a su proyecto, comprando vacas para producir leche, lo que terminó por ser un éxito rotundo, gracias a la calidad del producto.

Y aquí viene el segundo y acertado giro empresarial: cuando una normativa europea ordenó restringir la producción de leche, en la granja se toparon con un gran excedente que transformaron a su vez en otro producto: el yogur. Más caro que el resto y sin embargo el más vendido, porque resulta que era el mejor. Su larga trayectoria en la crianza de vacas y la espectacular calidad de su leche fueron su gran aval.

Esta capacidad de transformación es una de las claves, a mi juicio, del éxito de esta y de cualquier otra empresa. En su caso, y dejando a un lado el aspecto puramente tecnológico, no deja de ser un gran ejemplo de innovación digno del empresario más avezado. Y no olvidemos que sus creadores partían de la experiencia médica, que lo suyo era lo clínico y no lo empresarial, lo cual los dota de mayor mérito.

Con el tiempo han demostrado que la rentabilidad y la humanidad pueden ir de la mano en el mundo de la empresa, sobre todo cuando el objetivo inicial es lo segundo. En palabras de Paco Álvarez, expresidente de la Bolsa de París y colaborador de Cristóbal Colón, “es posible otra forma de empresa que además, obtiene beneficios. Es una cuestión de mentalidad y de educación; no creo que ningún hombre nazca con la necesidad de ganar dinero y que eso sea lo único importante en su vida”.

No es una utopía, es una realidad que se ha convertido en protagonista de la comarca en la que se asienta: la Garrotxa. Y uno de sus pueblos más conocidos, Olot, ha querido que sean el centro de atención de Lluérnia, un espectáculo maravilloso de luz y fuego celebrado el pasado mes de noviembre en el que los trabajadores de La Fageda formaron una red humana que se elevó a 40 metros de altura sobre el suelo, a imagen de un espectáculo ideado por La Fura dels Baus. Nuestra empresa, Levante Capital Partners, tuvo el honor de contribuir a la realización de este maravilloso evento al que asistí personalmente. Y les puedo asegurar que superó cualquier expectativa de público y de emoción. Integrados plenamente en el carácter y la cultura de la gente de La Garrotxa, los trabajadores de La Fageda rompieron esa noche cualquier estereotipo y nadie pensó en que pudieran sufrir deficiencia alguna porque esa noche solo aportaron luz, voluntad, ilusión. Una vez más nos sorprendieron y estoy seguro de que no será la última, porque su impagable ejemplo a nivel empresarial y humano se contagia y mucho.

A lo largo de la historia del siglo XX se han sucedido por todo el mundo las cadenas humanas, generalmente con carácter solidario o de protesta; no es nuevo. Esta de Lluérnia sigue su estela pero se eleva, se aleja del suelo que pisamos y añade luz a la escena, abarcando los sueños de sus protagonistas y reflejando el alma de una empresa que trasciende la oscuridad de la noche de Olot y de todas las noches.

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