Incubadoras de empresas: reconvirtiendo ideas y personas

Tasa de paro; índice de desempleo; capacidad de recuperación económica de un país…Tantos términos y expresiones como se quiera derivados de una única y simple situación: CRISIS económica. A ellos nos hemos acostumbrado en nuestro país desde que en el año 2008 estalló no solo aquí sino en el mundo entero una situación que venía gestándose años atrás, porque como todos sabemos un panorama semejante no surge de la noche a la mañana. Y desde entonces, vivimos inmersos en un entorno modelado por un lenguaje al que no estábamos acostumbrados, debatiéndonos entre el escepticismo constante y la inevitable esperanza de que la situación cambie, siempre para bien.

Los negocios desaparecidos y, como consecuencia, los puestos de trabajo destruidos, han forjado un panorama de dos caras: por un lado, aquella que se refugia en el pesimismo y el inmovilismo, paralizada por el entorno gris. Por otra, aquella que despierta ante las dificultades y se siente impulsada e incluso motivada, decidida a no frenar la marcha ante nada. Y es en este nicho, en el que se producen los casos de creatividad más sorprendentes; aquellos que si no encuentran aquí las oportunidades, o bien las inventan o bien salen fuera a buscarlas y las importan.

Me estoy refiriendo a los emprendedores que buscan su “Silicon Valley” particular; aquellos que cuentan con una idea; nada más y nada menos. Es ahora cuando el emprendimiento suple la escasez de puestos de trabajo ofertados por los gobiernos; y es al amparo de esta situación cuando nacen las que conocemos como incubadoras y aceleradoras de empresas, que en realidad son startups. Tanto unas como otras tienen como objetivo ayudar a éstas últimas a dar forma a su modelo de negocio, incluyendo una estrategia para captar clientes y sobre todo, adquisición de financiación.

Y es que los jóvenes empresarios juegan un papel crucial en el proceso de creación de empleo; y tanto incubadoras como aceleradoras aprovechan y respaldan el potencial de aquéllos, su talento, su capacidad de innovación; su creatividad y su perseverancia.

Veamos algunas diferencias entre unas y otras:

  • Las incubadoras de empresas brindan apoyo a los emprendedores desde el inicio del proyecto empresarial mediante labores de asesoría, infraestructura (despachos, material de oficina, servicio de correspondencia, etc.) Ayudan al nacimiento de la empresa y le proporcionan la asistencia necesaria para crecer, haciendo que la idea inicial de los emprendedores se convierta en una inversión real y rentable.
  • Por su parte, las aceleradoras se topan con la startups ya en marcha, en fase más avanzada y trabaja con ellas un sistema de instrucción o mentoring, para conseguir acelerar su desarrollo.

Estas estrategias nos demuestran que hacer realidad un plan de negocios no es fácil y no basta con tener una idea; es necesario proyectar y, más tarde, ejecutar: una tarea compleja que hace que muchos emprendedores tiren la toalla por falta de apoyos. De manera que aportar viabilidad técnica, financiera y de mercado, o planes de mercadotecnia son algunos de los aspectos de los que se ocupan tanto incubadoras como aceleradoras. E igualmente, compartir espacios abiertos con otros emprendedores, lo cual no solo no resta privacidad sino que aporta un intercambio de información enriquecedor, para las relaciones laborales y de networking.

Para hacernos una idea de su importancia, basta con echar una ojeada a las cifras; según el European Accelerator Report de Fundacity, en Europa estas instituciones invirtieron más de 39,5 millones de euros en 1.588 startups en el año 2014. Y por países, el Reino Unido es el país más activo en el ránking de inversiones con 13,2 millones de euros, seguido de España, con 6,2 millones. Así que no estamos tan mal situados; de hecho en nuestro país existen ya 71 aceleradoras, según los cálculos de Startupxplore, que también nos informa de que dos de ellas, Wayra y Lanzadera figuran entre los principales inversionistas de Europa.

En el caso de Wayra, está presente en 11 países y apoya proyectos de telecomunicaciones, de comunicación y de tecnologías de la información. En palabras de su director, Mariano Amartino, “nosotros hemos logrado crear 7.000 empleos directos entre efectivo y servicios de aceleración”; y añade que el modelo de aceleración es clave en un país como España, en el que su economía da los primeros pasos hacia su recuperación.

Empresas como Airbnb o Dropbox son empresas de éxito que han contado con una incubadora  de apoyo en su creación y desarrollo; ambas contaban con una idea innovadora, sí; pero necesitaron ayuda para madurar el proyecto y desde luego, para llevarlo al éxito y aportarle estabilidad.

Su labor se nutre incluso de las tendencias más rompedoras e innovadoras en el campo del emprendimiento, como es el caso de Incense, una iniciativa cuyo objetivo es “acelerar el desarrollo  de productos y servicios relacionados con las energías limpias”.

Podemos citar otro buen ejemplo de cómo se trabaja en este campo en nuestro país, acudiendo a Barcelona Tech City, una asociación centrada en la ayuda al negocio digital y tecnológico, capaz de proporcionar a sus socios toda la ayuda necesaria en el arranque y puesta en marcha de sus empresas, ayudando a difundir, asimismo la marca Barcelona.

Lo que es evidente es que nunca deben cerrarse puertas cuando de emprender se trata; y sobre todo, nunca se debe dudar ni tener miedo a identificar las oportunidades adecuadas para un negocio.

Esta es la manera de que los proyectos crezcan y se desplieguen convirtiéndose en empresas; incluso en grandes empresas.

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