Imaginación y fracaso: más cerca de lo que pensamos

Hace 16 años, Umberto Eco hablaba de la imaginación virtual y la explicaba utilizando términos como “eBook” o “estructuras de hipertexto” y afirmaba del primero: “al insertar un micro cassette en el lomo, o al conectarse con Internet, uno tendrá su libro. Pero este libro será tan distinto como el primer folio de Shakespeare de 1623 lo es de la última edición de Penguin”. Lo completaba diciendo que “las computadoras están comenzando a cambiar el proceso de la lectura”.

Parto de estas reflexiones para llegar a un tema que desde siempre me seduce: la imaginación. Y para ello qué mejor que apelar al texto de una escritora capaz de elevarla a la máxima categoría; la autora inglesa que ha revolucionado el mundo de la literatura juvenil en el mundo: J. K. Rowling. La saga de Harry Potter, salida de su puño y letra, se ha convertido en una de las más leídas en toda la historia de la literatura. Ha escrito más libros, naturalmente, sin embargo este es el que ha conseguido enlazar de manera más eficaz con la mente de jóvenes y mayores de toda clase y condición.

Pero lo más interesante es la historia personal que subyace a la redacción de esta obra; y es que resulta tan cercana y real que podría ocurrirle a cualquiera. Sin embargo, esa materialización solo es obra de Rowling. ¿Por qué? La solución nos la ofrece ella misma a lo largo de su discurso, pronunciado en la Universidad de Harvard con motivo de la entrega de su título honorífico. A lo largo de esos párrafos, se descubre a alguien que reconoce el valor de dos cosas por encima del resto: la imaginación y el poder del fracaso.

Quienes me leen verán que no es la primera vez que hablo del fracaso y que en más de una ocasión me he remitido a él como el verdadero acicate para seguir delante de manera cualitativa tanto personal como profesionalmente.

De nuevo me topo con él y de nuevo me sorprende en el entramado de esta historia. “Tenía una máquina de escribir y una gran idea”: esas fueron dos de las armas fundamentales de Rowling para conseguir su objetivo. La otra era la ambición: “estaba convencida de que lo único que quería hacer, para siempre, era escribir novelas”. Sin embargo y a pesar de tener asombrosamente claro lo que quería, pasó por una época vital de estrepitoso fracaso personal y fue ahí donde consiguió amasar la experiencia que hoy le permite hablar del fracaso como “un camino hacia lo no esencial”.  Y afirmar que “el fracaso me dio una seguridad interior que nunca experimenté al pasar los exámenes. El fracaso me enseñó cosas acerca de mi misma que no hubiese podido aprender de otra manera. Descubrí que tengo una fuerte voluntad, y más disciplina de la que esperaba. Y también descubrí que tenía amigos cuyo valor es mucho más alto que el de los rubíes”. Una vez más queda demostrado que el fracaso forma parte del mobiliario de cualquier existencia, ayudándola a cobrar sentido: “nunca te conocerás verdaderamente, ni las fortalezas de tus relaciones, hasta que ambas sean puestas a prueba ante la adversidad. Ese conocimiento es un verdadero regalo, por todo lo que se ha ganado con esfuerzo, y que vale más que cualquier calificación alguna vez obtenida”.

Este es un gran ejemplo de que caer y levantarse es lo que recompone cualquier historia personal y por qué no, empresarial, transformándola. Sin embargo esa transformación que, casi siempre llega de golpe y sin avisar, se sirve de otro elemento: la imaginación. De ella dice Rowling en su discurso que “es sin duda la capacidad más transformadora y reveladora, es el poder que nos permite empatizar con humanos cuyas experiencias nunca hemos compartido”.

La creadora de Harry Potter cree que “no necesitamos magia para cambiar al mundo, pues ya llevamos el poder necesario dentro de nosotros mismos: tenemos el poder de imaginar algo mejor”.

Pensemos que mientras que determinadas posesiones materiales están al alcance de muy pocos, la imaginación y la capacidad de creación son patrimonio común; partiendo de esta base creo que la inteligencia, la osadía y desde luego, la imaginación son los elementos que deberían volverse imprescindibles; la materia prima con la que operar a diario.

Si lo pensamos bien, imaginar e innovar actualmente no es un simple antojo, teniendo en cuenta lo que está ocurriendo en el mundo de la empresa o de las redes sociales, donde la oferta supera claramente a la demanda.

En el nuevo horizonte de desarrollo no deberíamos perder de vista la imaginación y sí dejar por el camino el miedo al fracaso. ¡Avanti!

 

 

 

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