Nicola Tesla o por qué cuesta tanto reconocer el talento

“El presente es suyo, el futuro es mío”. Esta frase la pronunció uno de los grandes genios de finales del siglo XIX y principios del XX: Nicola Tesla

No es la primera vez que regreso a la figura de alguien insigne y olvidado. Un genio maldito y maltratado por la Historia y por sus contemporáneos. Hoy me acerco a este físico e ingeniero croata, cuyo apellido cada día suena más familiar debido a que es hoy y en su honor, el nombre de Tesla Motors, una de las principales y más innovadoras compañías, fabricante de vehículos, componentes y baterías y capitaneada por Elon Musk.

Nacido en 1856 en la actual Croacia, su propia madre ya inventó unos cuantos aparatos para el hogar entre los que se incluía una batidora mecánica.

Aquello de que en la vida primero vienen los problemas y más tarde las soluciones no se cumple en el caso de Tesla, para quien las soluciones se generaban en su imaginación; es el caso de la planta hidroeléctrica situada en las cataratas del Niágara, cuya idea primigenia Tesla imaginó como una rueda volteada por el agua. Treinta años más tarde se haría realidad.

Quizá de Tesla muchos no sepan nada, pero de Thomas Alva Edison, con quien trabajó en Nueva York, es difícil no saber. A partir de 1884, año en que el primero pasó de Hungría y Francia a Nueva York, trabajaron juntos en el desarrollo de la corriente alterna (AC), generando lo que se conoce como la “guerra de las corrientes”. El combate lo acabó ganando Nicola Tesla, cuando el industrial George Westinghouse le compró la patente para la energía AC. En ese momento, su popularidad alcanzaba e incluso superaba la de Edison.

Hoy sabemos que sin los motores AC no tendríamos la mayor parte de los electrodomésticos ni cualquier forma de la industria moderna.

Veamos el segundo asalto que libró frente a otro conocidísimo inventor: Guglielmo Marconi -sirviéndose de los osciladores de Tesla- presentó la patente del invento de la radio en 1904 (ya inventada por Tesla en 1895), recibiendo por ello el Premio Nobel. Y el reconocimiento al valor indiscutible de su trabajo le llegó post mortem, a través de una sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

Solo su mala gestión financiera esquivó otro de sus grandes experimentos: la transmisión de electricidad sin cables aprovechando la conductividad de la ionosfera. Su objetivo consistía en el suministro gratuito de energía a todo el mundo, idea en la que nadie creyó. ¿Les suena esto? Hoy, de la mano de otro visionario, ya es una realidad y es que el mismísimo Elon Musk lo ha conseguido a través de la instalación de paneles solares en los techos de las casas.

Aunemos de nuevo el pasado y el presente: la robótica de hoy debe mucho a sus trabajos en esta disciplina; éstos y los relacionados con la comunicación de red sin cables fueron únicos y adelantados a su tiempo. Y como otros muchos grandes entonces y ahora, existen muchos diseños provenientes de su talento, aún no descifrados por los ingenieros: la turbina sin aspas y una bomba sin ningún tipo de parte móvil, modelada a partir de un diodo, siguen siendo intrigantes objeto de estudio.

Desde la década de 1980 y  hasta hoy se reconoce su figura no solo por parte de la comunidad científica, sino gracias al cine, a la música e incluso a la cultura Underground. Su imagen de científico loco cautivó a los seguidores de esta corriente. Y los músicos de la banda de rock “Tesla”, tomaron para su nombre no solo el apellido de nuestro protagonista, sino algunos de sus inventos, como el principal inspirador de muchos de sus títulos.

En la gran pantalla el mismísimo David Bowie dio vida a Nicola Tesla, en la película “The Prestige” (2006), de Christopher Nolan, junto a actores de la talla de Hugh Jackman, demostrando que la ciencia-ficción tiene sus propias fuentes de inspiración originales.

Visionario, inspirador, inventor, genio post mortem…abarca todos los calificativos de los que como él, han sido reconocidos tarde e injustamente. Sin embargo su legado, una vez reconocido sigue inspirando y motivando a quienes, movidos por su misma pasión, han sabido seguir sus huellas.

 

 

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