“Can machines think?”

Hay ocasiones en las que recordar a alguien no es ni más ni menos, que justicia histórica. Es el caso del británico Alan Turing, el padre del artilugio con el que convivimos todos; que hace funcionar nuestros negocios; que alberga toda la información sobre nuestra vida privada; y que cuando no responde nos complica la vida…: el ordenador.

Empecemos por el final, aunque resulte poco alentador. Turing fue condenado por homosexual y sometido a castración química, lo que le produjo daños físicos y psicológicos irremediables. Y a renglón seguido, la muerte, de cuya causa aún no existe certeza, aunque siempre se ha barajado la posibilidad del suicidio. Un final trágico e inmerecido para una mente más que extraordinaria.

Matemático de formación, sus aficiones infantiles se centraron en la lectura, los números y los rompecabezas; de nuevo aparece el juego, como tantas veces he indicado,  ligado al desarrollo intelectual. Y el inconformismo de quien no puede encorsetarse en la rigidez de unas normas que no tienen por qué ser válidas para todos.

Admirador y seguidor de las teorías de Einstein y graduado por la Universidad de Cambridge, tenía todos los elementos para terminar despuntando en el mundo de la ciencia y la tecnología adelantándose a todo y a todos, como les suele pasar a los grandes.

Cuando publicó el artículo “Los números computables, con una aplicación al Entscheidunsproblem”, ya incluía el concepto de algoritmo y lo más importante: presentaba lo que se denominó la “Máquina Universal de Turing”, que nunca se llegó a diseñar pero que presentaba características no vistas hasta el momento en una máquina de calcular: podía limitar y simplificar las posibilidades numéricas, usando la misma lógica que el cálculo humano a partir de símbolos, resultados o instrucciones.

Poco tiempo después, a su máquina le salió una competidora a la que también fue capaz de ganar con su nueva “Bombe”. El ingenio alemán se llamaba “Enigma” y codificaba los mensajes enviados por la Marina alemana, lo que ayudó en gran medida a los aliados, contribuyendo reducir la duración de la guerra en dos años.

Al mismo tiempo que la Bombe creó varias computadoras electrónicas que, ahora sí, son consideradas ya como los primeros ordenadores de la historia. Muchos sitúan el inicio de la informática en este preciso momento, cuando Turing ya había acuñado el concepto de hipercomputación.

Era el año 1950 y en su artículo “Computing machinery and intelligence” se le ocurrió preguntarse si las máquinas podían pensar (“¿Can machines think?”) o no y así acuñó otro concepto: el de Inteligencia Artificial. En su “Test de Turing” reafirmaba esta posibilidad basado en la afirmación de que si una máquina se comporta como inteligente, por consiguiente debe ser inteligente. Y su conclusión fue que existe inteligencia artificial en el momento en el que no conseguimos distinguir entre un ser humano y una máquina.

Cambiando de registro pero sin abandonar la línea de sus investigaciones, en 1952 entró de lleno en la biología matemática, centrándose en el estudio de los números de Fibonacci. El artículo “Fundamentos químicos de la morfogénesis” es la herencia que nos dejó en esta materia.

Recopilemos:

  • Primer ordenador – concepto de hipercomputación.
  • Concepto de inteligencia artificial
  • Biología matemática (hoy especialmente útil en el campo de la genómica)

Un personaje más que relevante en nuestra historia europea reciente, cuya vida fue reflejada en una película “The imitation game” que tergiversa muchos detalles de la vida de Turing, pero que al menos ha servido para tener presente a uno de los pensadores más importantes de todo el siglo XX y más injustamente maltratado.

 

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