Tipo de interés y tipo de cambio: el dilema de la reserva federal

En los últimos coletazos del verano y tras incorporarnos al nuevo curso, creo que es un buen momento para dar un repaso a lo que está ocurriendo en el panorama económico mundial, prestando especial atención a los indicadores más señeros, que nos ofrecen una información certera y real.

Después de un segundo trimestre decepcionante en términos de crecimiento del PIB en las economías avanzadas, los datos de actividad real en julio y los indicadores adelantados de actividad industrial en agosto no muestran señales de mejora. Aunque el análisis de la información adelantada de septiembre permitirá valorar si el deterioro se debe a algo puntual o estructural, la información reciente sugiere una ralentización de la producción industrial a nivel global durante el tercer y cuarto trimestre de este año. 

A pesar de la mermada situación de la economía mundial, son muchos los que piensan que la Reserva Federal tendría que haber ido normalizando el nivel de los tipos de interés, al menos desde que la tasa de paro cayó por debajo del 5%. Pero la mayoría olvida el otro elemento clave en la ecuación monetaria, que es el tipo de cambio.

No es ninguna casualidad que tras la primera subida de tipos de interés por parte de la Reserva Federal en diciembre, el cambio de discurso de los meses posteriores haya coincidido con los máximos registrados por el dólar. Y es que, en un contexto en el que el resto del mundo continúa expandiendo las condiciones monetarias, la situación internacional ha llegado a ser para la autoridad monetaria casi tan importante como la tasa de paro o la inflación.

El motivo está claro: una subida de tipos de interés o, simplemente un aumento de las expectativas del mercado en cuanto a su evolución, supondría nuevas subidas del tipo de cambio del dólar (apreciación). Y lo cierto es que un tipo de cambio excesivamente apreciado no le interesa a la Reserva Federal. Primero porque reduciría la demanda externa y, por tanto el crecimiento del PIB, y segundo, y no menos importante, porque tendría implicaciones bajistas sobre la inflación (un tipo de cambio apreciado reduce la competitividad de los bienes y servicios internos por lo que presiona a la baja sus precios para volver a ser competitivos).

En definitiva, parece difícil que la Reserva Federal decida llevar la contraria al resto del mundo elevando el nivel de los tipos de interés. O la situación de la economía mundial mejora sustancialmente o me temo que no veremos subidas de tipos en el corto plazo, o al menos durante este año.

 

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