Crowdfunding: el poder de la unión

Una idea y más tarde un proyecto: ese es el germen de muchas de las que más tarde resultan grandes empresas que terminan por ser el espejo en el que se miran las demás. Sin embargo empezar solo no es fácil ya que las trabas no son solo burocráticas. Las económicas suelen superarlas con mucho. He aquí el germen de los proyectos colaborativos en los que la contribución se reparte, haciéndolos más livianos y efectivos.

Javier Martín, creador de varias empresas de internet y experto en crowdfunding, define este término como “personas con dinero que confían en personas con ideas y juntos trabajan para sacar un proyecto adelante”.  Ideas y dinero de la mano para conseguir un objetivo, primero individual y más tarde común. Pero por encima de todo un proyecto de personas.

Hasta hace dos décadas esta acción siempre fue una labor de mecenazgo conocida desde hace siglos, con muchos representantes ilustres que le dieron fuste contribuyendo al fomento del talento. Desde la labor de mecenazgo de la familia Medicis en el Renacimiento florentino hasta hoy el camino ha sido largo y fructífero. Las grandes fortunas dan paso a contribuciones más modestas pero que implican a un mayor número de personas. Un comportamiento colectivo y auto-organizado para lograr un objetivo común.

El propio concepto crowdfunding se origina en el mundo anglosajón, se consolida con el tiempo y aporta dos valores adicionales: aumentar su base social cuantitativa, que se traduce en el número de personas que se vinculan al proyecto. Y un valor cualitativo: el número de personas implicadas en el proyecto o participando activamente en él.

Se puede decir que por una vez una comunidad se torna inteligente, puede pensar en común y al mismo tiempo ofrece la posibilidad a cualquier ciudadano de poder participar de manera activa en los proyectos.

Ser voluntario, implicarse en el proyecto, tener un papel activo en el mismo, convertirse en donante, participar activamente a través de las redes sociales…todo ello se resume en esta acción: crowdfunding.

Uno de los ejemplos de esta práctica fue la construcción de la neoyorquina Estatua de la Libertad; cuando aún quedaba el pedestal los promotores se quedaron sin fondos; un anuncio en el New York World consiguió recaudar la cantidad necesaria para finalizar el proyecto; y el propio Joseph Pulitzer se encargó de rematarlo. En este caso todos perseguían un mismo objetivo, contaban con una inversión previa, apareció J. Pulitzer como “influencer” y por último consiguieron motivar al pueblo para que contribuyera activamente en la ejecución del proyecto. El 28 de octubre de 1886 se inauguró el monumento tal y como lo conocemos hoy.  Este pudo ser un primer ejemplo de crowdfunding: una financiación colectiva, exitosa y muy representativa.

 Y todo ello sin un factor clave que hoy marca claramente la diferencia: las redes sociales.

Creativos, solidarios o empresariales, el tipo de proyecto puede tener diferentes variantes en función de sus promotores, pero el objetivo siempre es el mismo: impulsar y materializar inquietudes que de otra manera no llegarían a tomar forma. Siempre sin olvidar lo más importante: construir una base social significativa que lo legitime como organización.

Por mi parte hoy hablaré aquí de un proyecto que conozco y que ya narré aquí, en mi particular cuaderno de bitácora. Se trata de un proyecto de crowdfunding solidario denominado Yoghurt Utopia en el que he participado y que no puede dejar indiferente a nadie. En realidad su objetivo era recaudar fondos para realizar un documental basado en la empresa de yogures ubicada en La Fageda y dirigida por el psiquiatra Cristóbal Colón. En ella, este particular emprendedor ha dado una oportunidad vital a un buen puñado de personas con trastornos psíquicos, haciéndolos sentirse útiles y ahora, y gracias a este proyecto, protagonistas de un documental que quiere enseñarle al mundo entero su gran trabajo. Canales de televisión, diversos diarios de tirada nacional, varias instituciones privadas y la contribución de diversos particulares han hecho que se pueda alcanzar el presupuesto para que este proyecto se haga realidad.

Antes servía un anuncio en prensa; hoy el canal es internet y los elementos implicados un promotor, un grupo de donantes y una plataforma: así de sencillo. Quizá es esa la razón de su éxito: personas que ayudan a personas y confían en el desarrollo tecnológico, en el valor de una comunidad y en la rentabilidad que acaba surgiendo a largo plazo.  Cultura colaborativa y democratización del capital: he aquí la clave para entenderlo y por qué no, participar.

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