De Napoleón a Tim Cook: la estrategia de saber comunicar

“Escuche más y hable menos”. El consejo lo da Richard Branson y alude directamente a la comunicación, sin embargo se sale de todas las normas escritas al respecto en los manuales al uso.  El hombre de negocios que ha conquistado la cima gracias a una vida de esfuerzo y compromiso de trabajo, toma notas constantemente de lo que otros dicen. Y más tarde es capaz de transmitir a todo su equipo la motivación necesaria para seguir adelante en una de las empresas más exitosas del mundo.

Se puede decir que es una buena forma de comunicación porque obviamente funciona. Y porque una empresa, al final del día son sus personas, todas ellas con una serie de valores que cuando sirven a un proyecto terminan por generar una auténtica personalidad empresarial.

Sin embargo lo difícil para muchas empresas es transmitir estos valores tanto de manera interna como al exterior. En realidad la comunicación interna solo se convierte en un obstáculo cuando no se le presta atención ni se le da importancia; de lo contrario aporta un valor extraordinario a la motivación de los trabajadores, ayudando en consecuencia a una mayor productividad.

El caso de Apple es paradigmático; yo diría que Tim Cook es el mismo perfil que Steve Jobs pero con un punto de actor. El CEO es capaz de transmitir más allá de lo que son los números o los resultados; es una representación de valores en sí mismo. Esta empresa es un ejemplo de comunicación perfectamente integrada tanto a nivel externo como interno, quizá porque habla de sus productos y de sus valores con una personalidad muy marcada, que transmiten desde el consejero delegado cuando habla a nivel de estrategia, hasta el vendedor del producto al público en sus tiendas.

Curiosamente los directivos de Apple no conceden entrevistas; solo el líder tiene protagonismo y aún así, de manera muy discreta. Porque su objetivo es que sea el producto el que hable. El sentido del humor y el sentimiento de exclusividad que siempre transmiten, hacen el resto.

Si una buena comunicación es sinónimo de eficiencia, coordinación y organización, la empresa de Tim Cook es un referente.

“En el siglo XIX, Napoleón Bonaparte comandó un ejército de 600 mil soldados. Un cabo llegó a ser conocido como “el idiota de Napoleón”. Antes de enviar una orden escrita a sus generales, Napoleón leía primero la orden a un cabo y le pedía que se la explicara. Si el soldado no podía, Napoleón reescribía la orden, leía la nueva versión al soldado y le pedía una vez más que la explicara. Así, el emperador se aseguraba de que sus soldados entendieran sus órdenes escritas. Los gerentes actuales deben esforzarse para ser claros, en particular en sus mensajes escritos”.

Everett Chasen y Robert Putnam

A pesar de estos ejemplos tan potentes conocidos en el mundo entero, aún existen empresas que no son conscientes de que una buena comunicación es parte del buen hacer de su negocio. Y de que esa máxima de que todo lo que no comunicamos no existe, no es algo vacío.

Desde que Orson Welles contó con todo lujo de detalles cómo los marcianos habían comenzado a atacar Nueva Jersey y Nueva York en “La guerra de los mundos”, dejando claro el poder de los medios de comunicación, este concepto ha sufrido un giro basado especialmente en la aparición de las redes sociales. En la empresa también ocurre: hoy los clientes las han elegido como canal de comunicación, empoderando así a la tecnología que es quien tiene la voz y al mismo tiempo aporta respuestas y reacciones rápidas.

Saber comunicar y comunicarnos forma parte del proceso y nos ayuda a no dejar nada al azar y a no confundirnos en objetivos y premisas. La meta: hacerlo bien y saber comunicarlo.

 

 

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