Ingredientes para llegar lejos en el mundo de la empresa y en la vida

Reflexionado sobre el mundo de la empresa y la vida, encuentro que la figura de un mentor es un verdadero privilegio para cualquiera que desee destacar tanto en su profesión como en su vida; para quien busca la excelencia por encima de lo que ya se ha hecho.

Hoy se le designa con el término anglosajón de “mentoring”; incluso se habla de “teoría de mentoría”, que puede sonar raro pero que define toda una forma de gestionar el conocimiento propio y ajeno.

Se habla también de “mentores de negocios”, en referencia directa a quienes son capaces de asesorar a cualquier emprendedor en el momento en el que se decide a dar sus primeros pasos en el mundo de la empresa. Sería el equivalente al entrenador para cualquier deportista. Alguien que enseña, guía, da consejos. Y lo más importante: aporta conocimiento.

Y aunque puede ser cierto que hay profesiones que requieren de la ayuda de un mentor más que otras, en el fondo para cualquier actividad que desarrollemos dependemos siempre de quienes nos precedieron y por tanto nos sacan ventaja.

Aristóteles participó directamente en la formación de Alejandro Magno; y se puede decir que fue una de las personalidades más influyentes de su vida. Su mentor.

Y en la historia de Roma ya se habla de “dar los cónsules tutores extraordinarios a los pupilos”; y en cuanto a delegar este cargo en los cónsules, se afirma “que lo habrían de desempeñar con conocimiento de causa”.

En nuestro momento más reciente, todos sabemos que Stephen Hawking tuvo como mentor, maestro y ejemplo al físico británico Dennis William Sciama, que impartió clases en Oxford y Cambridge. Y es evidente que influyó en sus avances, llegando a la cumbre en materia de investigación.

 Así vemos que la búsqueda de cualidades como la sabiduría, la experiencia o la templanza, necesarias para la vida y sus quehaceres, ha sido una constante a lo largo de toda la Historia, valorándose siempre a quienes poseían estas cualidades, por encima de los demás.

En el mundo de las inversiones en el que me muevo también es muy valioso el conocimiento de quienes han recorrido esa senda antes y son capaces de ver más allá y por tanto de generar conocimiento. De hecho, de todos aquellos que han sido capaces de alcanzar la cima del éxito, ¿cuántos han remado en soledad? Podríamos decir que ninguno.

Las personas inspiradoras que además nos sirvan de guía en nuestra profesión no son fáciles de encontrar; sin embargo todos las tenemos por casualidad y por necesidad. Un caso ejemplar fue el que representó la relación entre Thomas Munger y Warren Buffet.

Cuando Charles Munger, amigo, socio y abogado de Warren Buffett (inversor y empresario) se colocó a su espalda y le transmitió su filosofía de inversión, en realidad le transmitió una filosofía de vida, basada en algo tan simple como el sentido común. Y aunque parezca algo evidente, necesitamos  de alguien que vaya un paso por delante tanto en la teoría como en la práctica. Algunas de estas enseñanzas de Munger reflejan la pura lógica del mundo de los negocios e inversiones:

  • Sólo vale la pena hacer adquisiciones cuando se cumplen los requisitos para invertir.
  • Los excedentes de capital generados por cualquier negocio deben ser reutilizados en la adquisición de nuevos negocios.
  • Las oportunidades excelentes no se presentan con frecuencia, de modo que hemos de ser pacientes si somos inversores. Ya llegarán.

Pero, ¿por qué confiaba W. Buffet en T. Munger? Básicamente porque cada vez que lo hacía obtenía una mayor rentabilidad en sus negocios. He aquí la clave del conocimiento compartido: la mejora continua.

Sin embargo hubo alguien más: Benjamin Graham y su libro The Intelligent Investor quien cambió su forma de ver las cosas y de actuar, influyéndole de manera definitiva. El propio Buffett afirmó que “si no hubiera leído ese libro en 1949, habría tenido un futuro distinto”. De modo que podríamos decir que Graham fue el mentor de Buffet, mientras que su consejero más sabio fue Munger. Ambos igual de valiosos y complementarios.

Charles Munger

Señaló que “para el inversionista, tener un amplio conocimiento sobre distintas disciplinas puede ser útil en el sentido más prosaico del término: significa una probabilidad mayor de obtener retornos extraordinarios sobre la inversión”. Y añade: “para adquirir sabiduría y articular un modelo mental, hay que estudiar mucho. Pero no necesariamente en las aulas. Basta con leer a los representantes más ilustres de cada disciplina, aprendiendo de la propia experiencia y de la experiencia de otros”. De esta manera está describiendo la labor del mentor propiamente dicho, tal y como se ha definido siempre.

Esta interrelación demuestra el éxito de alguien como Bill Gates, o la multinacional de compra online Walmart asentado esencialmente en dos pilares: ofrecer el mejor producto en el momento indicado y en consecuencia obtener la aprobación social en lo referente a la innovación y a los beneficios materiales, aportando valor a la empresa.

Y tú, ¿de quién vas de la mano?

 

 

 

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