Cómo conquistar el mundo: pasos para convertir una idea en un éxito

El 13 de diciembre de 2011 fue subastado en Nueva York de la mano de la casa Sotheby’s un documento con un precio de salida inicial de entre 100.000 y 150.000 dólares que terminó alcanzando un valor de 1,59 millones. Fue el contrato firmado en 1976 entre Steve Wozniak y Steve Jobs y Mike Markkula, que dio lugar a Apple Computer.

Antes de entrar en el corazón de la historia cabría preguntarse, cuánto tarda en evolucionar una idea, en cobrar forma; cuándo consideramos que es realmente útil. Cuando nos permite avanzar, quizá.

Recordemos el experimento del jabón. En cierta ocasión se entregó una pastilla de jabón y un cuchillo a un grupo de escultores. Al cabo de un rato de sus manos surgieron, además de muchas lascas desprendidas, un montón de esculturas que nada tenían que ver con la pastilla inicial. En este caso, los escultores tenían en su cabeza la obra de arte y lo más importante, sabían qué cantidad de jabón había que remover y de qué modo para que surgieran las formas. Solo había que eliminar lo que sobraba para conseguir llegar al objetivo final de su trabajo.

Steve Jobs llegó a afirmar: “mi filosofía es que todo empiece con un producto magnífico”. Y se puede decir que lo consiguió. Su empresa, Apple, no necesita presentación.

  • Es una empresa
  • Es una marca
  • Es un distintivo que otorga prestigio a una forma de trabajar

Steve Jobs y Steve Wozniak fueron los fundadores de lo que primero fue una empresa y más tarde, la más cotizada, competitiva y deseada marca de ordenadores del mundo. Se conocieron en el año 1971 de la mano de un amigo común, Bill Fernández. Y les unió al instante la afición por la electrónica. Wozniak diseñó primero circuitos electrónicos en papel y de ahí pasó a crear sobre el mismo soporte, su propia computadora, su gran pasión. Cuando surgió la llamada “Apple I”, la presentaron en un club informático conocido como Homebrew Computer Club de Palo Alto, California, y consiguieron asombrar a su audiencia. Esta máquina fue uno de los primeros computadores personales y la primera que combinó un microprocesador con una conexión para un teclado y un monitor. Todo ello diseñado y hecho a mano.

Y en la idea de Wozniak, Jobs vio el negocio. Así que promovió el aparato entre los más interesados en el tema y entre las tiendas de electrónica digital. Pero con el tiempo se vio que las prestaciones de la computadora eran limitadas por lo que era preciso innovar.

El proceso lógico fue vender “Apple I” para comenzar a pensar en una máquina más perfecta: el “Apple II”. Una vez terminada ésta una curiosa coincidencia hizo que sus creadores conocieran de primera mano la empresa Processor Technology y su computadora llamada “Sol”. Y de nuevo, Jobs tuvo una revelación: se dio cuenta de que el futuro pasaba por hacer lo más sencillo posible el uso de la computadora.

Feliz coincidencia la unión de Wozniak y Jobs: diseñador de lógica y electrónica y creador del concepto y visión de futuro de Apple buscando un producto no solo para técnicos sino también para usuarios. Dos personas capaces de intercambiar sus ideas, de cocinarlas juntas y crear algo que hasta el día de hoy sigue siendo totalmente revolucionario.

Ideas más visión de negocio más financiación. Una ecuación de éxito empresarial que dura hasta hoy. 

Tras muchos años de trabajo, Jobs pensaba que la creatividad aparece en los encuentros espontáneos, en las discusiones, de manera fortuita; cuando te interesas por lo que hacen otros, te gusta y eso te anima a crear a ti mismo.

El escritor americano Steven Johnson está en lo cierto cuando en su obra “De dónde vienen las buenas ideas” nos retrotrae a los cafés del siglo de las luces o los salones literarios de la modernidad y afirma que ambos fueron grandes laboratorios de ideas. Y él mismo se pregunta: “¿Qué sería la innovación sin conectividad?” Por fortuna, podríamos decir que vivimos en la sociedad de la conectividad, algo que ha existido en toda la historia de Apple y que han estimulado sus dos máximos exponentes, Steve Jobs y ahora Tim Cook. Dos formas distintas y al mismo tiempo complementarias en una historia de desarrollo corporativo ejemplar. Dos personajes a los que se analiza con lupa en un deseo de encontrar la fórmula mágica para alcanzar la cima del éxito empresarial.

¿Cómo entienden cada uno de ellos su trabajo?

Ambos han hablado siempre en sus estrategias como CEO’s de la compañía de la importancia de los equipos; de la conexión entre sus miembros y de su efectividad. Precisamente este es uno de los puntos en los que radican las diferencias entre uno y otro; mientras que Jobs buscaba el perfeccionismo a través del equipo, Cook se ocupa especialmente de crearlo y de generar ese trabajo en equipo.

Asimismo Jobs, calificado como brillante y visionario aportó a Apple innovación, liderazgo y altura de miras; en esta última característica coincide con Cook, metódico y persuasivo, quien aporta a su estrategia transparencia y una apariencia de estabilidad y calma. Como es lógico, la labor de ambos está en el punto de mira de cualquiera que aspire a dirigir con efectividad cualquier empresa, del tipo que sea. Ambos se han convertido en ejemplos a seguir porque han sido capaces, desde diferentes momentos y perspectivas, de crear la marca de computadores más famosa del mundo.

Si la filosofía de Jobs era que todo comenzara con un producto de calidad, para Cook la misión de Apple es fabricar los mejores productos del mundo, aquellos que realmente lleguen a enriquecer la vida de las personas.

La cualidad que ambos comparten sin duda es el trabajo duro; trabajar más que nadie de su entorno, como único camino para llegar al éxito.

A la vuelta de más de tres décadas de éxito hoy tenemos ante nosotros esos cuatro pasos necesarios para conseguir elevar un trabajo a la categoría de ejemplo mundial:

  • Tener una idea y convertirla en una misión.
  • Poseer visión suficiente y a largo plazo de las necesidades del momento en relación con el producto que queremos vender.
  • Dotes de innovación y liderazgo a nivel individual y de equipos.
  • Capacidad de trabajo por encima de todo.

Podríamos decir que Jobs fue un excelente líder capaz de hacer grande a la compañía. Y que Cook, tomando el testigo, es capaz de permitirle aprovecharse, beneficiarse de sus dimensiones y su éxito a nivel mundial. Diferentes estilos de liderazgo y de entender una compañía que no solo no son contrarios, sino que confluyen en una marca. La que primero hicieron suya y con el tiempo consiguieron hacer de todos.

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