Bienvenidos a mi blog

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“Blog” es una palabra anglosajona que ya ha sido adoptada en todas las lenguas, pero que si tuviéramos que traducir al español podríamos hacerlo como “cuaderno de bitácora”. El cuaderno del navegante, del capitán del barco, del que tiene por misión sortear los vientos y mantener la nave en rumbo. Por eso me entusiasma tanto este primer apunte del blog que inauguro hoy. Porque soy un apasionado de los vientos —no por azar mi empresa se llama Levante— y quiero poner en pie mi bitácora de capitán.

Me gustaría ir dejando aquí el rastro de la principal tarea de mi día a día: buscar, indagar, descubrir cosas. Dudar de todo y volver a empezar siempre que creo que hace falta. Aprender —con otra mirada— lo que ya aprendí otras veces. Transformar algo y volver a transformarlo luego.

La vida —sin solemnidad sea dicho— es un ejercicio constante de búsqueda y aprendizaje. La vida profesional, aún más. Yo me muevo entre los vientos de las finanzas y de la estrategia de inversión, que son vientos a veces tempestuosos, como todo el mundo sabe. Si tuviera que definirme de alguna manera, podría decir que soy un empresario con barniz de banquero consciente de la visión que de este colectivo se tiene hoy en día desde el conjunto de la sociedad en general.

Sigo la ruta de una historia empresarial familiar que tiene ya 150 años y que es casi aventurera: basada en el comercio de especias primero, se asentó luego en el negocio textil y culminó por fin, hace unas décadas, en la actividad patrimonial. Una historia de adaptación a los tiempos; de lucha contra los vientos y de avance y progreso. Una historia de inconformismo a la que yo quiero seguir dando aliento.

Comencé creando una estructura dentro de mi casa, Levante Capital Partners, con un doble objetivo: generar valor y obtener retornos. Esa estructura es la que guía la navegación. A día de hoy puedo afirmar que el 90% de mi trabajo consiste en tomar decisiones relativas a tempos, gestión y entorno. Y trato de que esas decisiones estén tomadas con el máximo criterio posible.

Sólo hay dos cosas sobre las que se pueda asentar un gran proyecto: el talento y el trabajo. Sólo he buscado eso, pues, en el equipo con el que navego: talento y trabajo puestos a disposición de un proyecto antiguo que llega hasta nuestros días; con el mismo espíritu, pero transformado por el color de los tiempos. De un family office tradicional hemos avanzado hacia la Consultoría, el Real Estate y los servicios financieros internacionales. La integración de nuevas líneas de negocio ha servido para diversificar y ampliar horizontes. Un desafío apasionante que continúa cada día.

Mi trabajo no consiste únicamente en alumbrar desde los despachos decisiones. Hay implícito en él una tarea social, de lazos humanos, que me satisface especialmente. Me entusiasma la idea de contribuir de manera activa a labores filantrópicas, de participar en los nudos de la sociedad, de impulsar proyectos artísticos o humanitarios que dibujen un mundo mejor. Encuentro en todo ello un enriquecimiento personal insustituible, gracias al que todo parece cobrar sentido. Un mundo mejor siempre podrá seguir mejorándose; y después de mejorarse podrá mejorarse aún más. Soy, por fortuna, una persona inconformista e insatisfecha, y el impulso de seguir adelante me viene de ese deseo de transformar la realidad que tengo cerca. Y del deseo de ir lejos para tener cerca lo que creo que debe ser transformado.

El destino —o los vientos— ha querido que yo llegara hasta aquí, y hoy mi objetivo es moldear con manos humildes un legado, algo importante que ofrecer a quienes lleguen detrás de mí. Por dos motivos: el respeto hacia mí mismo y hacia quienes me precedieron en esta tarea; y la necesidad de que las generaciones del futuro tengan la posibilidad de seguir navegando.

La idea de avanzar, de mirar hacia delante, con el viento a favor o en contra, es una constante en mi vida y va a seguir siéndolo; un motor del que ya no me puedo desprender, igual que de mis libros o del deporte.

Desde este camarote de navegación, en este cuaderno de bitácora y de vientos, me gustaría servir de inspiración para todos aquellos jóvenes -y no tan jóvenes- que decidan tomar las riendas de su propia empresa, creando ex novo o siguiendo la estela de sus antecesores. Me gustaría servir de acicate, de provocador, de espuela.

Vamos allá. Leven anclas.

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